Carlos Gustavo Álvarez

Doble calzada, dos países

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
agosto 14 de 2015
2015-08-14 02:18 a.m.
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El mágico calendario colombiano nos regala este fin de semana el segundo festivo de agosto. Magnífica oportunidad para sacar de las grandes ciudades el exceso de automóviles y mandarlos a rodar por la geografía nacional. Como lo vienen notando los conductores colombianos, el país vial está cambiando con la extensión de dobles calzadas y el levantamiento de maravillas ingenieriles, como los viaductos, puentes y túneles de la Ruta del Sol y de la carretera Bogotá-Villavicencio.

Las mencionadas son solo la cuota inicial de un nuevo país que tiene en las autopistas de cuarta generación su carta más importante de futuro, desarrollo y actividad económica. Por eso, debería ser más categórica la celebración, del anuncio esta semana del cierre financiero de tres de los proyectos pertenecientes a la primera ola de concesiones. Fondos por cinco billones de pesos asegurados para obras en 484 kilómetros de vías hacen posible que en muy poco tiempo, a lo largo del país, se despliegue un contingente de personas, máquinas y materiales, en la verdadera revolución de la infraestructura.

Para entonces, y creo que poco a poco, habremos superado un drama que aqueja hoy a las carreteras. Vías del siglo XXI tienen a lado y lado, y en muchas partes de su trayecto, un panorama del siglo XIX. Como si fueran dos países. La carretera vistosa por la que circulan costosos automóviles, y en sus orillas una Colombia de ranchitos empobrecidos y montallantas de pesar, por ejemplo, tributos lastimeros a una nación a la que no ha llegado el desarrollo. Muchos de esos ‘chuzos’ precarios están ahí como mecanismo de supervivencia de personas a quienes la epifanía de los nuevos trayectos ha atraído en busca de sustento.

Las vías deberían aprovechar la experiencia de Bogotá, que afloró como una nueva metrópoli con las alcaldías de Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, y que hoy, gracias a los tres ‘tristes tigres’ que los sucedieron, es una ciudad camino de la ruina. Primero, porque no se destinaron plata y prioridad para el mantenimiento de los andenes y las ciclorrutas, entre otras obras de una nueva capital, y porque, mucho menos, se conservó la visión de ciudad que tenía. Más de un sector prometedor, digamos la carrera 15, se desvencija hoy a simple vista, con sectores de lamentable pobreza, como la manzana comprendida entre las calles 90 y 91, donde funcionan el Banco de Bogotá, la ETB y un Cade, al lado de una especie de antro frente al lugar donde otrora quedara ‘La casa del Gordo’.

TransMilenio fue concebido también como renovador urbano, pero hoy, troncales como la Caracas dan grima. No hay sino que ver el sector comprendido entre las calles 60 y 57 al occidente, un ‘Bronx’ chiquito de bazofia en el cual no se entiende cómo funciona atrincherado el colegio Manuela Beltrán.

Volviendo a las 4G, con la renovación y construcción de vías deberá haber un plan de recuperación y uniformidad de los alrededores. Disponer de recursos para que, por ejemplo, la oferta de montallantas tenga un aspecto común e identificable por los viajeros. Y que todo el que se instale en la vía respete el paisaje y no levante el primer armatoste que se le ocurra. Y recorrer un solo y nuevo país.

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista

cgalvarezg@gmail.com

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