Carlos Gustavo Álvarez

Fracasa ‘la escuela de la vida’

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
octubre 03 de 2014
2014-10-03 02:18 a.m.
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En un tiempo que ahora me parece lejano, había algo que se llamaba ‘La escuela de la vida’. Así se denominaba a un proceso pedagógico diferente a los de colegio y universidad, en el que mediante la técnica fundamental de los golpes, uno tenía que aprender algo que no cabía en el currículo. Y que no tenía nada qué ver con ‘el estudio’.

Si al final de las horas pasadas calentando pupitre uno terminaba el asunto, la constancia era un grado, un diploma. ‘La escuela de la vida’, por el contrario, no tenía fin. El alumno abordaba permanentemente, y en interacción con personas en las mismas condiciones, una cantidad de materias disímiles: amor, despecho, frustración, éxito, fracaso, alegría, soledad, muerte, dolor… En fin, las asignaturas de la naturaleza humana.

En vez de un título, la distinción se llamaba ‘la experiencia’. Era como una coraza que lo protegía a uno para que un suceso no se repitiera. Y según el nivel de sensibilidad –un componente poco considerado para resolver la ecuación–, el resultado debía ser una persona fuerte, poco inclinada al error, pero sobre todo a repetir sus falencias. ‘La escuela de la vida’ tenía su depósito de sabiduría en la filosofía popular, en la que siempre había un dicho o un adagio disponible para conjurar la incertidumbre. ‘Dizque más sabe el diablo por viejo que por diablo’.

Todo eso se me vino a la cabeza al ver la forma como nos bombardean cada día, en ejercicio del marketing educativo que capta y fideliza alumnos, con ofertas que entronizan la información y tal vez el conocimiento como llave y panacea del futuro. No dudo que lo sean. Pero no nos permiten ver otra realidad (tapar el sol con un dedo).

El mundo ha cambiado. Y necesitamos otra Paideia, otra Humanitas. Estamos desaprovechando inteligencias a las que la carga de conocimiento matemático, de sistemas y códigos o de cualquier cosa no potenciará en aspectos que demandamos con urgencia, si no queremos precipitarnos en el caos personal y social. Hablo de las inteligencias emocional, social, cultural, y de otras múltiples, de la intuición, de la resiliencia. Asumir esta cátedra del ser humano nos puede enseñar a vivir mejor y ser mejores, para que ignaros, doctorados y analfabetas funcionales no se lancen tan rápida e irremisiblemente en la frustración, el suicidio, la agresión, el naufragio emocional, la intolerancia, la ligereza en la vida sexual, la autodestrucción, la dependencia, en fin, el carro de la vida propia conducido por jinetes trastabillantes y ajenos.

Hoy sabemos que el corazón efectivamente se rompe cuando nos duele el alma, y que el país debería declararse en emergencia social cuando la directora del ICBF nos cuenta, y el periódico la expone con una imagen fashion que no corresponde a la ignominia, que una de cada cinco adolescentes está o ha estado embarazada.

¿Fracasaron las dos escuelas? ¿La sociedad en que vivimos? Hay que detenernos y cambiar, para que ‘la experiencia’ no se improvise con el embarazo, el crimen o la muerte antes de los 15 años. Y el resto de la vida se pueda vivir con inteligente dignidad.

Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista
cgalvarezg@gmail.com

 


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