Carlos Gustavo Álvarez

La increíble historia de Noel

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
mayo 29 de 2015
2015-05-29 03:38 a.m.
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Vi por primera vez a Noel Rodríguez Cubides la mañana opaca del lunes festivo 10 de junio del 2013, en el Puente Aéreo de Avianca en Bogotá. Gustavo Álvarez Gardeazábal le había recomendado consultar a un asesor de comunicaciones estratégicas, para ayudarlo a comprender el ruido que circundaba una de las licitaciones en las que se compromete todos los días, todo el día, desde hace 34 años.

“A Noel lo conozco hace 40 años –escribió Gardeazábal en un correo electrónico el 6 de junio–. Era el dueño del restaurante La Olla del Tolima, en Palmira. Ha trabajado con una dedicación particular y no se dejó meter en ninguno de los remolinos que recorrieron este Valle”. Y como es habitual en su franqueza irredenta, no dejó de ponerle picante al comentario: “de la misma manera, tampoco ha sido capaz de dejar de ser el montañero trabajador, aunque se desenvuelve con frescura en cualquier ámbito”. Gardeazábal coronó esa descripción homérica, señalando que después de ires y venires, “Rodríguez revivió su sueño de hacer comida modernamente para grandes multitudes, y hoy en día la lleva diariamente a cárceles, hospitales, desayunos escolares, ICBF, almacenes de cadena, etc”. Y me soltó una observación de intriga: que había fabricado cajas mortuorias con alarma en Colombia para exportarlas a Estados Unidos y otros países.

Ahora estaba ahí. Tal cual. Camisa de manga corta, un maletín negro y abultado que siempre lleva de viaje y para todas partes, y varios celulares a los que asigna prioridades diversas según la urgencia de la llamada o su procedencia. Tras un breve intercambio de palabras, me impresionó la imponencia inevitable de su metro con 84 centímetros de altura, su sonrisa conquistadora y esa gentileza que lleva grabada en el ADN y le permite ponerse siempre, natural y sencillamente, al servicio de los demás.

Comenzamos un periplo de conocimiento y exploración. Noel me esperó a la salida del aeropuerto en Cali, sin el despliegue ostentoso de los pudientes. Nos subimos a una camioneta enorme en la que siempre va oyendo la radio, hablando por los celulares multiplicados y pensando, pensando siempre, que es como su función natural.

Fuimos a visitar su planta de alimentos Quick & Tasty, sus oficinas en la Torre de Cali y una casa majestuosa que estaba en obra negra y convertiría en su restaurante Mansión del Río.

Le dije que con mucho gusto le colaboraba en el asunto para el que me había buscado, pero que, sin dilación e irremediablemente, lo que yo quería era escribir la historia de su vida. El libro se lanzó anoche en Cali. Es la trayectoria fascinante de un hombre humilde, que estudió hasta segundo de primaria, pero que maneja los números como un alquimista y tiene una visión de negocios tan reconocida como sus arrebatos de mal genio. Hoy es uno de los empresarios de alimentos más importantes del país, un forjador del Valle del Cauca, un emprendedor por antonomasia. Y sigue siendo, cada día, el mismo joven inquieto de humor ingenuo que salió de Piedras, Tolima, a conquistar un mundo que era ajeno.

Así es La increíble historia de Noel Rodríguez C.

Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista
cgalvarezg@gmail.com

 

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