Carlos Gustavo Álvarez

Maracachafa para mamá

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
septiembre 18 de 2014
2014-09-18 11:35 p.m.
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El registro de cinco llamadas perdidas de mi madre anunciaba una situación anómala. Aunque nos hablamos varias veces al día, esa insistencia no era habitual. Lo comprobé al escucharla en el buzón de voz y no tuve la menor duda cuando la llamé.

--Qué pena molestarlo, mijo. Pero me están doliendo mucho las rodillas…

Mi madre es una mujer valiente. Coquetea con los 90 años de una forma elegante y digna, pero su cuerpo a veces se cansa de transportar tantas décadas.

--Tranquila, mamita. Yo le busco un remedio.

--¿Marihuana? --preguntó asombrada e inquieta cuando le dije lo que le había llevado. Como todas las personas de antes, piensa que los vecinos tienen algo de Dios y siempre lo están mirando a uno.

Cerró las persianas.

--¿Mijo sería capaz de darme marihuana? --me preguntó viendo de soslayo un talego que yo tenía en la mano.

--¡#Yosoycapaz! --le dije--. Es más, mamita, aquí se la traje.

Mi mamá irradió una sonrisa de ironía.

--Ay, mijito, yo me fumaba mis Parliament y algunos Camel en mi lejana juventud. Aunque después me cepillaba bien con los Kolynos que compraba en el Ley, para que su abuelita no me echara cantaleta. Pero inhalar maracachafa a estas alturas…

Le expliqué a mi viejita que no se trataba del habitual empleo lúdico o recreacional que se da al cannabis, sino el uso medicinal. Incluso, le conté que el senador Juan Manuel Galán radicó un proyecto de ley para reglamentar la marihuana con fines terapéuticos.

--Es que ese Juan Manuel es muy inteligente --me dijo--. Oí en las noticias que ahora está dando clases de matemáticas…

--Pero ese es Santos, mamita, el presidente --le aclaré, entendiendo algunas cosas de las memorias a largo y corto plazo.

--Ah…

Luego decidí brindarle un contexto histórico. “Las evidencias médicas de la marihuana se remontan a unos 12.000 años --relaté, recordando una información de UNPeriódico--. En China e India, se utilizaba para tratar tos, fiebre, insomnio, mejorar la concentración, facilitar la meditación y como potenciador sexual”.

Mi madre escuchó con atención.

--Pues se la acepto para la tos, mijo. Si quiere me le concentro y le medito, pero no más. Si le parece, mijito…

Dispuesto a vencer sus temores, abrí el talego (todo colombiano siempre lleva un talego o, en su defecto, una chuspa). Y saqué el remedio milagroso.

--Pomada de coca y marihuana, mamá.

Miró el recipiente verde.

--¿Y eso dónde la compró, mijo? ¿En la droguería o en Estupefacientes? Como ellos están vendiendo todo lo que incautaron…

--En la Plaza del 7 de agosto, mamá. La señora que me la recomendó me dijo que era santo remedio. Y que se vende como arroz…

Mientras frotaba la pomada espesa y sentía el efecto rubefaciente, le compartí a mi madre algo que dijo Germán Castro Caycedo. Que el Estado colombiano fue el primero que importó la marihuana, que se llamaba ‘cáñamo’ y que era para sacar cuerdas y telas de lienzo. Iba a decirle que después se la fumaron toda, pero preferí seguir con el masaje para quitarle la traba de las rodillas.

Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista
cgalvarezg@gmail.com


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