Carlos Gustavo Álvarez

De noche, todos los gatos...

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
julio 29 de 2011
2011-07-29 12:24 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/22/56cb679eb2280.png

 

La forma como se han implementado las acciones contra ‘la corrupción’ y el ansia de castigo, que por momentos aparece selectiva y feroz, han sumido este camino de políticas nacionales irreversibles y valientes en un confuso universo de imágenes e impresiones, sustitutas del criterio en un mundo donde la realidad está mediada por los canales de información (remozada vigencia de El mito de la caverna, de Platón, donde los encadenados terminamos considerando como verdad las sombras de los objetos).

La andanada, que como todo tipo de acciones que privilegian el bien público tiene que llegar hasta las últimas consecuencias, viene arrasando con conceptos establecidos y tumbándole las patas a la silla que sostiene la vida nacional.

No se entiende, por ejemplo, en qué lugar teníamos la cabeza los colombianos cuando creíamos que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez era lo último en guarachas y había pasado a la historia no de este siglo, sino de Colombia, desde que comenzamos a recoger moluscos en el cuarto milenio a. C. Cada día va radicando la imagen de un mandato marrullero, que nos encandelilló con el gran sol de la seguridad democrática y los otros huevitos, mientras una lluvia de estrellas ilícitas salpicaba el firmamento.

La vida y el servicio público han quedado gravemente golpeados.

Los profesionales están reticentes de vincular su hoja de vida al Estado. Les esperan investigaciones y pesquisas en esta vida y ultratumba, desempeñándose, por demás, entre cuadros de colaboradores venales emparentados con mafias aviesas, dispuestas a llevar hasta la muerte el disfrute del nepotismo y el dispendio de la res pública.

Esta cruzada redentora debe llevarse con tal discreción y tino que no paralice el Estado por omisión o procrastinación.

Las damas de hierro de la Fiscalía y la Contraloría, que han devuelto a sus entidades valor y vigencia, se mueven sobre el filo de la navaja. Énfasis exagerados en sus palabras, manejos equivocados de sus silencios, zonas grises en sus criterios e impertinencia en sus gestos y su comunicación no verbal, pueden conducirlas a las regiones tendenciosas en las que ya se mueve su otro colega de las ías.

Ojalá esta balanza se estabilice. La lucha contra la corrupción no es válida per se, si el Estado no hace evidente, más allá de las declaraciones, que hay una mayoría ‘buena’, si se permite la palabra, una buena razón de ser.

El servicio público y el sector de la salud, entre otros, necesitarán años para volverse a levantar, para hacer claro el buen trabajo que personas incontables durante muchos años les han entregado al bienestar de sus compatriotas y a la razón de ser del Estado.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado