Carlos Gustavo Álvarez

Con la palma, de la mano

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
septiembre 25 de 2015
2015-09-25 03:52 a.m.
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Pocos cultivos han sido regados con tantos denuestos y abonados con inusual prevención como el de la Elaeis guineensis. La palma de aceite debe su nombre científico al genérico derivado del griego que significa ‘oliva’ por sus frutos ricos en aceite, y es guineensis por el epíteto geográfico de la zona africana que la originó.

¡Qué no se ha dicho de esta tropical habitante vegetal, a la que le miden el aceite desde hace 5.000 años! Se la acusa de deforestar e ir contra la vida silvestre. De desplazar comunidades y generar un trabajo mal remunerado, de ser víctima fácil de las plagas y de no cuadrar en la onda saludable que galopa por el mundo.

Y esa es la parte suave de argumentos que llevan en el carcaj quienes le lanzan flechas a la planta. Ruedan por la web acusaciones contra la sueca Ikea, por las 32.000 toneladas de aceite de palma anual que utiliza para fabricar velas, a costa de la tala indiscriminada de la selva malaya e indonesia. Y al delicioso Kit Kat de Nestlé, en cuya fabricación se usa el aceite de palma, lo pintan como el killer del orangután, una especie afectada por la devastación de las junglas en el Asia insular.

Difícil pensar que el legendario presidente ejecutivo de Fedepalma, le metiera el diente a ese lado del polémico tema. Pero eso hizo el pereirano Jens Mesa Dishington, un hombre alto y frentero, más exigente que una máquina de moler, ante 1.500 asistentes originarios de 30 países, que hoy terminan en Cartagena la XVIII Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite.

Mesa señaló que era preciso ceñir estos cuestionamientos a los responsables de casos específicos, pero no al cultivo. Demostró cómo es un modelo sostenible –un mercado hoy avalado en 20 por ciento, bajo el esquema de certificación RSPO–. Es la alternativa oleaginosa que menos presión ejerce sobre la tierra, se puede hacer sin deforestar y utiliza suelos dentro de la frontera agrícola. La experiencia de los palmicultores colombianos desde hace 70 años, que se extiende por cerca de 500.000 hectáreas, y en el primer semestre del 2015 extrajo 653.656 toneladas de aceite, ha mejorado la calidad de vida de la población rural. Pero sobre todo, ha llevado el cultivo de la palma como un proceso de paz a zonas de conflicto, lejanas de la ensimismada Bogotá.

Según leo en una información del importante Grupo Daabon, la mitad de los productos de uso diario elaborados en el mundo tienen el aceite de palma como ingrediente principal. Colombia ocupa, con el 1,70 por ciento, el quinto lugar en la producción del líquido graso más consumido en el mundo, lejísimos del 85 por ciento de Indonesia y Malasia, que son los king kong del mercado.

“Este país tiene mucho futuro –dijo Aurelio Iragorri, ministro de Agricultura–, pero no tendría el mismo futuro sin la palma de aceite”. También sostuvo que había reclamado su botella de aceite de palma rojo, un producto no transgénico, fuente natural de vitaminas A y B, así como de antioxidantes y fitonutrientes, considerado ‘milagroso’ para evitar el proceso de envejecimiento. Al que pida más, que le expriman el ‘mesocarpio’.

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista

cgalvarezg@me.com

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