Carlos Gustavo Álvarez

Personaje y noticia del 2011

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
diciembre 16 de 2011
2011-12-16 12:41 a.m.
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Navidad es época de ejercicio analítico para medios de comunicación y periodistas, sumergidos en la definición de personajes y noticias del 2011.

Para mí, por su significado como esperanza de renovación, son los estudiantes universitarios colombianos, sus marchas efervescentes de creatividad y desafío, y esa convivencia de siglas y acrónimos entre la Mane y el Esmad, que terminó en un abrazo.

La foto del año, en la misma gimnasia de criterios, es la de esos chicos adheridos como sueños a los escudos de sus hoscos patrulleros.

No los destaco porque hayan echado para atrás la reforma educativa, que puede ser un triunfo inmediato y gaseoso.

Para este país, en el que los partidos políticos no sacan a nadie a la calle, y ni el secuestro recluta la ira, la marcha de los muchachos revivió pacíficamente al estudiantado como una alternativa viable y sostenible de ejercicio ciudadano.

Esas caminatas extensas y multiplicadas fueron su aporte al año de los movimientos sociales carburados por la indignación.

Porque así como está, y como parece querer seguir en contravía de toda lógica y en ejercicio del más siniestro autoengaño, este mundo no va para ninguna parte diferente de un funesto y negro hueco.

“En la raíz de un descontento mundial –escribí el 23 de noviembre en el Blog 507 Palabras– está la imperiosa búsqueda de una mejor condición humana. En ella pueden encontrarse dos generaciones: una fracasada, la de los padres, que no pudimos construir un mundo mejor.

Y otra, frustrada, la de los hijos, a quienes se les vendió la rosca enorme de la esperanza, en la que ya se pierde el tornillo diminuto de la realidad”.

Los caminantes se impusieron a una extorsión falsaria, que refleja la condición de mercancía que ha alcanzado la educación: que si no abandonaban las marchas iban a perder el semestre. Es un argumento letal para los esfuerzos económicos descomunales de los padres de familia y para lo que es, literal y equinamente, cursar una carrera, la competencia por el grado que hace más importantes las notas que el conocimiento.

El afán de toga y birrete lleva a los bachilleres a escoger el primer programa que encuentran, desdeñando la vocación y la alegría de saber, y privilegiando las ganas prontas de obtener dinero en una sociedad de quimeras.

Unos y otros van con las anteojeras en busca del cartón, sin reparar en la desigualdad de la sociedad en que viven, considerar las heridas de un mundo que fallece y sostener valores perdurables que neutralicen a las almas usureras.

Los estudiantes también vencieron el individualismo narcisista, practicaron el proceder colectivo y se echaron al hombro el compromiso de hacer camino al andar.

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