Carlos Holmes Trujillo García
columnista

Otra dosis de ‘fast track’

La Constitución es una bola de plastilina que sirve para darle la figura que el Presidente quiera. Mal anuncio, muy malo.

Carlos Holmes Trujillo García
Opinión
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
abril 17 de 2017
2017-04-17 09:09 p.m.
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Cuando se trata de asuntos que destruyen la institucionalidad, existe el deber de esforzarse tanto como sea posible para abrir los ojos de las sociedades democráticas sobre las graves consecuencias que tienen determinadas decisiones del gobierno de turno. Eso es lo que está sucediendo en Colombia, a raíz de la invención del llamado fast track.

Dicha peligrosa creación es, nada más ni nada menos, que una versión nacional de lo que en Venezuela se bautizó con el nombre de ‘ley habilitante’. Allá se utiliza para que el Ejecutivo pueda hacer lo que le venga en gana, sin tener que respetar las barreras institucionales propias de todo sistema político y jurídico organizado. Como esa era la idea desde un principio, las otras ramas se han dedicado a lo mismo.

La evidencia más reciente fue la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de asumir las funciones que están reservadas al Legislativo. Semejante determinación produjo un terremoto político de tal magnitud que, sumado al malestar creciente de la ciudadanía con la dictadura de Maduro, ha movilizado un número cada vez mayor de venezolanos inconformes a las calles. La vida en democracia implica tener en cuenta los límites existentes, toda vez que respetarlos es el fundamento de la convivencia social. Además, la paciencia de la gente no es ilimitada.

Cuando las reglas están claras y son acatadas por los poderes del Estado, la ciudadanía tiende a recibir con respeto las decisiones que se tomen, así no coincidan con el contenido y decida expresar de forma democrática las razones de su desacuerdo. Sin embargo, algo distinto ocurre cuando los desbordamientos del poder son evidentes. La actitud valerosa de la oposición venezolana muestra lo que sucede en esos casos.
Y en Colombia se sienten las expresiones del descontento. La victoria del ‘No’ en el plebiscito del año pasado fue un veredicto incontrovertible. Quienes salieron a votar por esa opción, lo hicieron enfrentados a todas las administraciones, nacional, regional y local, a la avalancha de comentarios en los medios que favorecían el ‘Sí’, y a la apabullante superioridad de publicidad pagada en televisión promocionando la última alternativa.

A pesar de las desventajas en medio de las cuales se hizo la campaña, ganó el ‘No’. Obtuvo la victoria, entre muchas otras razones, porque el rechazo a la incorporación de todo el acuerdo Santos-‘Timochenko’ a la Constitución era, y sigue siendo, mayoritario, al igual que lo es la actitud contraria al fast track, habida cuenta de que destroza la Carta fundamental, pues acaba con la división e independencia de los poderes.

Las multitudes que salieron a las calles y las plazas el primero de abril son una expresión fresca de esas mayorías. No obstante, ahora el gobierno anuncia que le tocará prorrogarlo por unos meses más. De esta manera, se le está notificando al país que nada importa, y que la Constitución es apenas una bola de plastilina que sirve para darle la figura que el Presidente quiera. Mal anuncio, muy malo. Jugar de esa manera con el ordenamiento jurídico es dar un paso hacia la dictadura.

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