Carlos Holmes Trujillo García

Sí, más Europa

Carlos Holmes Trujillo García
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
diciembre 13 de 2011
2011-12-13 02:21 a.m.
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Las dificultades que está atravesando la Unión Europea han dado lugar a todo tipo de comentarios y pronósticos sobre el presente y el futuro del esfuerzo de integración más importante de la época reciente.

En muchos de esos ejercicios predomina una visión catastrófica acerca del porvenir de Europa, con fundamento en los evidentes problemas de orden económico y financiero que hoy padecen varios países de esa zona.

Y buena parte de dichos análisis siguen atados a la suerte del euro y a la salud individual de algunas naciones que son socias del club.

Si bien esas miradas son necesarias e inevitables, también debe tenerse presente que lo que está en juego, en esencia, es la existencia del proyecto comunitario y la capacidad de darle vida a un gobierno económico común. Durante los últimos tres años, se han tomado en Europa medidas sin precedentes para hacerle frente a la cadena de crisis que afectan su estabilidad económica y financiera.

Estas apuntan a asegurar la consolidación fiscal, a fortalecer la gobernabilidad de la Zona Euro y a definir una nueva agenda para garantizar el crecimiento.

Pese a la audacia de las determinaciones, los mercados las recibieron como tardías e insuficientes afectando así la credibilidad del liderazgo político. Con ellas se pretende superar el estrangulamiento del crédito y remediar la insuficiente integración de las políticas económicas y fiscales.

Por esa razón tocan el sistema bancario y el marco institucional.

Con respecto al primero, se incrementan las exigencias de capital de los principales bancos y se establece el otorgamiento de avales de instituciones europeas para facilitar la financiación.

En relación con el segundo, se hizo el compromiso de incorporar en las distintas Constituciones normas de equilibrio presupuestal e informar a la Comisión Europea sobre los presupuestos, así como esperar su opinión antes de que sean presentados a los respectivos Parlamentos, entre otras.

Ahora los esfuerzos apuntan a la recuperación de la confianza evitando la adopción de alternativas excluyentes.

Como bien lo dijo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, no se trata de escoger entre la estabilidad y el crecimiento o entre la disciplina y la solidaridad toda vez que se requieren soluciones globales.

Lo que está por resolverse es si para completar la unión monetaria con la unión económica, dejando atrás la ilusión de que era posible tener mercado y moneda única con un manejo nacional de las políticas presupuestal y económica, se reforma un protocolo del Tratado, que podría aprobarse rápidamente, o se aboca una modificación en profundidad del mismo, lo que exigiría ratificación de los Estados y sería más demorado.

Ninguno de los caminos es sencillo, habida cuenta de los elementos que acompañarían las dos alternativas con respecto a los cambios constitucionales que se requerirían, a las competencias del Tribunal de Justicia de Luxemburgo y a las sanciones automáticas que se impondrían a los países que incumplan las reglas de oro acordadas, como lo piden Francia y Alemania.

Pero sea el uno o el otro, lo fundamental es tener presente que las soluciones que se están auscultando apuntan a que haya más

Europa, no menos Europa.

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