Carlos Holmes Trujillo García

Entre hostilidad y nuevas reglas

Carlos Holmes Trujillo García
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
diciembre 10 de 2013
2013-12-10 03:53 a.m.
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El libro escrito por Noemí Sanín y Miguel Ceballos sobre el fallo de la Corte Internacional de Justicia debe servir para seguir estimulando la reflexión acerca de la posición más conveniente para Colombia.

Independientemente de si se está de acuerdo o no con las propuestas de los autores, debe reconocerse que se trata de una obra seria, cuyo principal mérito es analizar integralmente la situación que enfrenta nuestro país.

La mirada que le dan a la historia, al momento actual y al futuro está nutrida de consideraciones jurídicas y geopolíticas de mucho valor.

Su lectura permite afirmar, tal y como se ha hecho ya en escritos anteriores, que cada día que pasa crece la telaraña de acciones hostiles de Nicaragua contra los intereses nacionales.

¡Pero eso no es todo!

El paso de los meses nos va mostrando, igualmente, que varios de los principios del derecho internacional sobre los cuales se edificó nuestro apego a su respeto y a la seguridad jurídica, que nace de la vigencia que han tenido, se están desdibujando.

A partir de 1969, para escoger el mismo año que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) visualizó como el momento a partir del cual empezaron los roces, hemos padecido, una ofensiva de Managua que tiene el propósito de desconocer derechos territoriales de nuestro país.

Desde la declaratoria unilateral de nulidad e invalidez del Tratado Esguerra-Bárcenas, cuando llegó al poder el Gobierno sandinista, hasta la última demanda que presentó este año Nicaragua contra Colombia, no ha dejado de dar pasos que pretenden disputar títulos históricos y jurídicos de la nación.

A esas acciones se ha respondido, según la tradición, acudiendo al derecho como fuente de garantías.

Por eso preocupa tanto el impacto de la providencia de la CIJ sobre postulados jurídicos que antes eran inmutables y que, en consecuencia, se habían convertido en la razón de ser de la seguridad legal.

Lo más grave de todo es el debilitamiento de la norma pacta sunt servanda, que se consagra en la propia convención de Viena sobre el derecho de los tratados para prescribir, que cuando ellos están en vigor, obligan a las partes y deben ser cumplidos de buena fe.

No obstante su antigüedad y la condición de principio fundamental que ostenta, conforme al pronunciamiento del alto tribunal, nuestro país se vería obligado a desconocer convenios válidos y vigentes con distintos Estados en materia limítrofe y de pesca.

Muy grave es, también, que la CIJ haya desconocido el derecho aplicable, perjudicando así las condiciones en las que Colombia defendió sus legítimos intereses.

El Gobierno no puede seguir vacilando. Estas, y otras razones, son argumento suficiente para no aceptar el fallo.

De cara a la evolución dañina que han tenido las normas que garantizaban la seguridad jurídica, es hora de promover los debates correspondientes en el escenario multilateral.

No podemos olvidar que hoy estamos enfrentando la hostilidad de Nicaragua y nuevas reglas que generan incertidumbres preocupantes.

Carlos Holmes Trujillo G.

Exministro – Exembajador

carlosholmestrujillog@gmail.com

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