Carlos Holmes Trujillo García

Cuando las instituciones se suicidan

Carlos Holmes Trujillo García
Opinión
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
febrero 10 de 2015
2015-02-10 04:14 a.m.
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En Colombia, todos los días se da un paso más hacia el debilitamiento y pérdida de legitimidad de las instituciones. Los resultados de esa carrera acelerada, y con los ojos abiertos, están a la vista, así que no se trata de un cuento sin sustento en los hechos.

Sorprende mucho, por lo demás, que el impacto de ese proceso se esté reflejando con tanta velocidad en la opinión de los ciudadanos.

Hace pocos años, aún en medio de crisis muy profundas, la situación era distinta. En la búsqueda, inconsciente quizás, de una tabla de salvación, los ciudadanos acudían a manifestar su apoyo a las diversas instituciones, a pesar de las críticas muy severas que tradicionalmente les hacen.

Hoy estamos en un escenario diferente. En todos los sondeos que se realizan con regularidad en el país, los resultados muestran que la credibilidad en los distintos órganos de nuestro sistema tiende a bajar en cada medición. Infortunadamente, no se ve ningún esfuerzo para remediar esa preocupante tendencia.

Los poderes siguen yendo más allá de lo que les corresponde hacer, incursionan en áreas que no son de su competencia, la lujuria de los micrófonos los lleva a decir lo que no toca, y, en muchas ocasiones, adoptan actitudes que contradicen la prudencia y el buen juicio que debe guiarlos.

Mientras tanto, los colombianos reciben el bombardeo de frases, opiniones, réplicas y controversias que, además de no dejarles nada claro, los hace castigar, con mayor dureza, que los resultados que espera de la acción institucional no se produzcan.

En su momento, Carlos Carnicero describió a España diciendo: “No hay entusiasmo Republicano y hay desafección monárquica. La Constitución tiene las costuras rotas por la falta de consenso de la conceptualización del país y por la incapacidad de dar respuesta práctica a las demandas imprescindibles de los ciudadanos”.

La Colombia de hoy se parece bastante a ese dibujo que hizo Carnicero de su nación.

En nuestra tierra no hay entusiasmo democrático y hay desafección institucional. La Constitución se ha desguazado, la visión de consenso que se adoptó está rota y los ciudadanos no reciben respuesta a sus requerimientos. Esta es la verdad, así se haga un esfuerzo publicitario oficial millonario para sembrar en la cabeza de todos la imagen de que en realidad se vive en el país de las maravillas.

Y mientras la gente juzga a las instituciones a la luz de lo que espera recibir y no le llega, también tiene que soportar las apariciones diarias en los medios de todos sus voceros, quienes se dedican a dibujar realidades que no coinciden con el sentimiento del hombre de la calle.

¿Cuál es el resultado de todo esto? Pues que el ciudadano deja de creer, se vuelve escéptico y, de esa manera, al quedarse sin piso, se va extinguiendo la legitimidad del sistema.

Así es como las instituciones se suicidan.

Carlos Holmes Trujillo García

Excandidato a la Vicepresidencia de la República

carlosholmestrujillog@gmail.com

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