Carlos Holmes Trujillo García

Relaciones con Venezuela

Carlos Holmes Trujillo García
Opinión
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
junio 30 de 2015
2015-06-30 01:28 a.m.
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El Decreto del Gobierno de Venezuela por medio del cual se crean las zonas de defensa integral marítima e insular, es un desafío y un ataque a nuestros intereses. En realidad, se trata de otro paso de la administración del país vecino en contra de Colombia.

Desde luego, es necesario actuar con firmeza de cara a la nueva situación que se ha creado. Pero, de igual manera, debe analizarse a profundidad si unas realidades tan importantes y difíciles como las que tenemos con la hermana república, se van a dejar al vaivén de las coyunturas, o, por el contrario, vamos a abocar la tarea de reconstruir los canales de solución de las diferencias.

Si bien es cierto que la historia de la vecindad entre las dos naciones es fértil en episodios de tensión, lo mismo que en etapas de florecimiento y cooperación, también es verdad que el socialismo siglo XXI, proyecto político continental liderado por Venezuela, le ha inyectado más problemas a un relacionamiento bilateral de por sí complicado.

Por lo pronto, debe mantenerse una postura diplomática firme, con el propósito de lograr que el gobierno de Maduro modifique el decreto, que es un zarpazo a los intereses nacionales en áreas marinas y submarinas, cuya delimitación no se ha logrado todavía.

Ya Guyana lo consiguió, gracias a su reacción vigorosa e inmediata, la cual dio lugar a la modificación de la disposición de marras, toda vez que “existe un área marítima por delimitar, que será determinada una vez se resuelva la controversia pendiente” entre los dos países.

A partir del cambio que se busca para poner en marcha otro intento dirigido a solucionar el diferendo, debe definirse si se quiere la reactivación de la Comisión Presidencial Negociadora, instituida en 1990, o se acude al Tratado de no Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial de 1939, que contempla una comisión de conciliación obligatoria para solucionar diferencias entre los dos Estados.

Pero, como los dolores de cabeza tienen más manifestaciones que los que hemos sentido desde los tiempos del canciller venezolano Otáñez, en 1954, es inaplazable la convocatoria de la comisión asesora de relaciones exteriores y la llamada a consultas de nuestro embajador en Caracas, el eficiente y hábil diplomático, doctor Ricardo Lozano.

El proyecto político continental que nació con la llegada al poder del fallecido presidente Hugo Chávez, ha sido y seguirá siendo una fuente de perturbación. A los factores tradicionales de tensión se han sumado hechos tan graves como el refugio al terrorismo, las expropiaciones de empresas colombianas, la deportación de nacionales, el cierre unilateral de la frontera, los agravios permanentes al país y el desconocimiento flagrante de los derechos de la oposición democrática, entre otros.

Lo que se necesita urgentemente es repensar nuestras relaciones con ese país, y definir un ‘nuevo marco estratégico integral’ para manejarlas.

Carlos Holmes Trujillo García
Excandidato a la Vicepresidencia de la República
carlosholmestrujillog@gmail.com


 

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