Carlos Holmes Trujillo García

La tolerancia, según Voltaire

Carlos Holmes Trujillo García
Opinión
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
octubre 21 de 2014
2014-10-21 02:10 a.m.
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Cuando dijo “yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”, Voltaire le dejó una bella enseñanza a la humanidad.

Las lecciones como esta tienen para unos la debilidad de que el idealismo las convierte en inalcanzables. No obstante, son muchos los que piensan otra cosa.

Estos creen que es el vigor intrínseco de lo ideal aquello que permite inmensas movilizaciones, impensables para los pretenciosos voceros del pragmatismo.

Detrás de todo paso histórico hay una idea inspiradora. Ese es el origen de los cambios trascendentales. Las coyunturas que ponen en marcha procesos de profundo significado, son el fruto de las más distintas circunstancias.

Pero, cuando se presentan, pueden ser la base sobre la cual se edifican transformaciones que no se habían identificado o parecían imposibles.

El tono de algunos columnistas de mucho prestigio, en sus artículos del fin de semana pasado, dejan la impresión de que se está entrando en una etapa de reflexión útil acerca de lo que se requiere en el país para construir condiciones que permitan avanzar hacia la paz.

La visión crítica sobre el papel de los medios en la polarización de hoy, y el reclamo airado a las Farc para que actúen de manera que sea posible tener confianza en lo que dicen buscar, son algunos indicios de la existencia de un terreno común de análisis constructivo.

El sueño de vivir y trabajar tranquilos es compartido por la inmensa mayoría de los colombianos.

Que quede atrás más de medio siglo de reclutamiento de niños, secuestros, extorsiones, asesinatos, desplazamientos, campos sembrados de minas antipersonas, atentados contra la infraestructura civil, asaltos a poblaciones, y otras expresiones del terrorismo, es uno de los más grandes anhelos de la nación.

La verdadera división en el país es entre los que respetan la Constitución, la ley y los procedimientos democráticos, y quienes buscan imponerse mediante la fuerza del terror.

Por eso es tan grande el apoyo a las fuerzas legítimas de la República, la exigencia pública a las Farc de que dejen de hacer terrorismo al mismo tiempo que conversan con el Gobierno y el respaldo a la justicia para que haya verdadera paz.

Lo que no puede permitirse es que aquellos que comparten valores comunes terminen siendo víctimas de una fractura insuperable.

En las democracias, los Gobiernos deben actuar de conformidad con las facultades que tienen por mandato de la Constitución y la ley. Cuando lo hacen, están cumpliendo.

Y también están obligados a informar, hacer pedagogía, responder a las inquietudes de la gente y respetar las opiniones de los ciudadanos. Proceder así implica, en igual forma, cumplir.

Si se olvidan esos deberes, en lugar de contribuir a la paz, se destruye la unidad que requiere la sociedad para hacerle frente a los violentos. Para evitar que tal cosa suceda cae como anillo al dedo la hermosa lección de Voltaire.

Carlos Holmes Trujillo G.
Excandidato a la Vicepresidencia
carlosholmestrujillog@gmail.com

 


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