Cecilia López Montaño
Análisis

Drama colombiano: sus desigualdades

Con cualquier indicador, el resultado es el mismo: la desigualdad en ingresos
es aberrante y hay señales de que la concentración en riqueza es peor.

Cecilia López Montaño
Opinión
POR:
Cecilia López Montaño
mayo 09 de 2016
2016-05-09 07:00 p.m.
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Cuando es inexorable que habrá una reforma tributaria antes de que termine el año, si Colombia no quiere que se le complique el panorama nacional por carencia de recursos, e internacional por no mostrar seriedad en el manejo macro, es oportuno recordarle al país algunas realidades que no pueden ser ignoradas. Colombia no le ha concedido la importancia que toca a sus altos niveles de concentración del ingreso y, menos aún, a la concentración de la riqueza. Se ha conformado con la reducción significativa en los índices de pobreza, e ignora las grandes brechas que persisten entre las áreas rurales y urbanas, de género y por regiones.

Para que no se crea que es solo un lamento de sectores del país, es necesario señalar que el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoce que la alta concentración del ingreso, constituye el peor problema de América Latina, y gran preocupación mundial. Y Colombia es una de las peores muestras de esa realidad en esta parte del mundo.

Tal vez lo más interesante de este reconocimiento es que se le otorga nuevamente importancia a la política fiscal para distribuir ingreso. Pero lo importante es que no solo se considera el gasto público –como lo han hecho los economistas ortodoxos–, sino los impuestos. Y este es un cambio significativo para las decisiones que se vienen en el país. Pero, más aún, el FMI afirma, en sus más recientes documentos, que la alta desigualdad de ingresos puede afectar negativamente la estabilidad macroeconómica y el crecimiento.

Ahora bien, cómo está Colombia, es el punto pertinente. Con el indicador que se tome, el resultado es el mismo: en nuestro país, la desigualdad en los ingresos es aberrante y hay señales de que la concentración de la riqueza es aún peor. Si se adopta el Gini, Colombia es el segundo país más desigual de América Latina, después de Honduras; lo dice el Banco Mundial (2014), no los pobres. Hay que destacar que Chile y Brasil, que competían con nosotros en desigualdad, en el 2013 nos habían dejado atrás en este indicador, con niveles más bajos que el colombiano, 50,5, 52,9 respectivamente, frente al 53,5 de Colombia.

Pero, si tomamos como indicador el Índice de Desarrollo Humano, la situación no mejora, por el contrario, empeora. Este indicador, cuando se ajusta por desigualdad el Índice que debería acercarse a uno, en el caso colombiano no solo es bajo, 0,542, sino que pierde una cuarta parte de su valor cuando se ajusta por desigualdad. Solo Brasil nos supera en este ejercicio, porque su IDH pierde el 26 por ciento. De nuevo, lo dice el Programa de Naciones Unidas ara el Desarrollo.

Y como si esto no fuera ya muy preocupante, Thomas Piketty, cuando vino a Colombia afirmó que el 20 por ciento del ingreso del país está en manos del 1 por ciento de la población, peor que en Estados Unidos. El presidente Santos también dijo que el 1 por ciento de la población concentra el 40 por ciento de la riqueza. Y hablando de riqueza, el tema menos explorado e nuestro país, según Mauricio Cabrera, el Gini de ahorros es 0,885 y el de cuentas corrientes en los bancos, de 0,97. Es decir, muy pocas personas concentran los ahorros y las cuentas corrientes. Adivinen quiénes son.

Y como abrebocas a la discusión que viene, es bueno recordar que, según la Ocde (2008) y la Cepal (2015), América Latina no ha sabido utilizar la política fiscal como motor del desarrollo e instrumento para reducir la pobreza y la desigualdad. La ha usado como mecanismo de estabilidad macroeconómica. Y el ejemplo de siempre: los impuestos y transferencia reducen la desigualdad entre 17 y 19 puntos del Gini en Europa, y solo 2 o 3 puntos del Gini en Latinoamérica. Pero hay más: los ingresos gubernamentales en América Latina representaron un promedio del 23 por ciento del PIB entre 1990 y 2006, mientras que en la Ocde ascendieron hasta el 42 por ciento, y el gasto público mostraba una tendencia similar en el mismo periodo: supuso un 25 por ciento del PIB en Latinoamérica frente al 44 por ciento en la Ocde. ¿Será atrevido afirmar que en la región la política económica no genera empleo digno suficiente y su política social es mezquina?

Solo para iniciar el debate, es inevitable en Colombia una verdadera reforma tributaria. Porque con paz o sin ella, son impostergables las reformas en salud, educación, pensiones, rural, y eso implica altos costos, a los que se agrega la necesaria reparación a las víctimas del conflicto, que según algunos cálculos pueden llegar a 8 millones. Solo frente a estos temas, el Gobierno tendrá que afrontar una serie de retos nada fáciles para conseguir los recursos necesarios, se va a encontrar con la oposición de los poderes económicos y políticos que siempre se niegan a reconocer que tienen que pagar impuestos, y que no apoyan las reformas que les quiten privilegios; resolver las profundas desigualdades regionales; empezar a cerrar la inmensa brecha rural-urbana; mejorar realmente niveles de competitividad, si queremos entrar a los mercados globales; asegurar presencia estatal en todo el territorio nacional, y combatir las bandas criminales y el paramilitarismo que renace.

Ninguna de estas tareas será fácil. Por ello, lo único que cabe decirle en este momento al equipo del gobierno es, buena suerte ministros, los viejos y los nuevos.

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