Cecilia López Montaño
análisis

Ministro, también es el modelo

El problema no es que la salud se volviera una forma de enriquecerse, sino, más grave, que sea una fuente ilegal de enriquecimiento. 

Cecilia López Montaño
Opinión
POR:
Cecilia López Montaño
julio 10 de 2016
2016-07-10 10:04 a.m.
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Nadie desconoce que el Ministro de Salud es un profesional muy serio, con excelente formación y que además al frente de esa cartera ha tomado decisiones valientes.

Precisamente por tener el mejor concepto de él, los que hemos venido estudiando el tema, e inclusive actuando en el sector, tenemos serias preocupaciones sobre la forma como está funcionando el sistema de salud colombiano.

No para destruir, sino precisamente para ayudar a un debate impostergable, es importante entender qué es lo que realmente sucede, aclarar el diagnóstico que parece tener el Gobierno y debatir con quienes han trabajado el tema de salud en el país, qué vías inmediatas y de mediano y largo plazo explorar para enfrentar lo que indudablemente se debe reconocer como una severa crisis del sistema.

Para empezar, hay que aceptar que después de 20 años de estar operando la Ley 100 no hay derecho a que se estén presentando casos diarios de un dramatismo aterrador. Grabar un video antes de morir, quiérase o no, es una acción absolutamente desesperada de una paciente que no ha recibido la atención que requería. Las explicaciones sobran porque el hecho real es que esa mujer murió no solo en medio del dolor, sino desesperada.

Tampoco tiene la más mínima justificación que nadie en el sistema cayó en cuenta, o peor aún, todos ignoraron, que todos los hemofílicos de un país, y de pronto de América Latina, se concentraran en un solo departamento, Córdoba. Nadie se percató de lo insólito que era este caso y que antes de seguir enviando miles de millones de pesos que claramente se estaban robando, era necesario investigar.

A diario, especialmente niños y adultos mayores le presentan esa cara de desesperación al país porque no los atienden en las EPS o las IPS, no logran los medicamentos de manera oportuna, aun cuando sea evidente el peligro de muerte; les causan daños irreparables, como lo que está sucediendo con pacientes de cirujanos plásticos con títulos a la carrera, aprobados por el Ministerio de Educación. Nada de esto es normal y las fallas se están presentando más allá del sistema de salud, como en este último caso.

Cuando se trata de la vida de los colombianos o del deterioro de su cotidianidad por malas prácticas, no basta con sacar a relucir sin duda un logro: cobertura de salud prácticamente universal. Algo de naturaleza estructural está sucediendo y requiere no solo tener claras las causas, sino proceder de inmediato, porque es tal la cantidad de denuncias, cual más dolorosa, que se corre el peligro de que los colombianos tomen el mal funcionamiento del sistema como parte de nuestro trágico paisaje.

Con frecuencia hemos escuchado al ministro Gaviria afirmando con convencimiento que se trata de un serio problema financiero, y es tal la lucha por resolver este problema que hemos presenciado sus esfuerzos por obtener ingresos fiscales adicionales, contribuyendo con ello también a abordar problemas de nutrición, como la obesidad. Sin embargo, algunos temen que, sin negar los problemas financieros, hay otros temas graves que se refieren al modelo mismo que ya lleva más de dos décadas sin que se mejore la atención en salud, a pesar de contar casi todos los colombianos con un carnet que les debería dar acceso a servicios.

¿No es hora de reconocer que este modelo permitió que la salud fuera un negocio? Negar esta realidad a estas alturas sería absurdo. Pero el problema no es que la salud se volviera una forma de enriquecerse, sino, más grave aún, que sea una fuente ilegal de enriquecimiento. No es necesario ni siquiera repasar el emblemático caso de SaludCoop, el de Caprecom y el resto, cuya lista es interminable. Basta con analizar lo que se acaba de descubrir en Córdoba con la supuesta atención de población con hemofilia.

Lo que es evidente e innegable es que no existen por parte del Estado –ni nacional, ni regional, ni local– los mecanismos de control que impidan estos descarados crímenes porque están saqueando el sistema que debe atender a 48 millones de colombianos. La prestación de servicios por parte de instituciones privadas no es necesariamente perversa, sino que para que funcione como debe ser han de cumplirse ciertas reglas, que definitivamente la institucionalidad no ha podido ni imponer, y mucho menos vigilar de manera que se acaten unos estándares mínimos de calidad y oportunidad del servicio.

En plata blanca, por la forma como está funcionando este modelo, pareciera que se ha olvidado que quien tiene la indelegable responsabilidad de garantizar la salud de los colombianos es precisamente el Estado. Y existe suficiente evidencia sobre las consecuencias de dejar esta función en quienes no tienen el costo político de fallar en este campo, precisamente el sector privado. Este es un error que cuesta vidas.

Por ello, es hora de quitarse la obsesión del mercado como mejor asignador de recursos y pensar en las fallas del modelo actual de salud.

La combinación de Estado y mercado es posible, pero con una institucionalidad fuerte que garantice las normas adecuadas, la vigilancia y control de los operadores privados.
Además, con un sector privado que entienda que no puede hacerse rico maximizando ganancias cuando los recursos que maneja son públicos. Así de sencillo.

Cecilia López Montaño
Exministra - exsenadora
cecilia@cecilialpez.com

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