Cecilia López Montaño
ANÁLISIS

Nuevos escenarios para
la política pública

Se comienza a entender por qué políticas locales fracasan. Se empieza a
vislumbrar que problemas que se creyeron marginales se han vuelto inmensos.

Cecilia López Montaño
Opinión
POR:
Cecilia López Montaño
abril 12 de 2016
2016-04-12 09:55 p.m.
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La vida colombiana es tan convulsionada que la única manera de salirse del debate nacional es tratar de aislarse del país un poco. La angustia del día a día, la preocupación por si avanza o no el proceso de paz, las nuevas demandas de la negociación con el Eln, la violencia que no cesa y la situación crítica de muchos niños y mujeres, obligan a centrarse en lo que sucede en el país. Sin embargo, también están ocurriendo muchas cosas en el mundo. Algunas muy trágicas, como la amenaza terrorista en Europa, el miedo a nuevos atentados en Estados Unidos y la terrible situación de los inmigrantes que le huyen a las guerras, a la pobreza y a la incapacidad de conocer la tranquilidad y las oportunidades de salir adelante. Pero la verdad es que es tal la dinámica propia, que estos hechos los miramos a veces como demasiado lejanos, cuando realmente no lo son.

El mundo y todo lo demás es global, y parecería que solo se entiende esta realidad en su sentido más limitado, como que conocemos lo que sucede en el planeta en tiempo real. Pero, resulta que después de más de tres décadas de esta nueva globalización, se empieza a entender por qué muchas políticas locales fracasan. No se trata solo de lo que siempre ha sucedido: una política llena de vicios, unos funcionarios incompetentes, una burocracia adormecida y una corrupción rampante.

Lo que empieza a vislumbrarse es que muchos de los problemas que se creyeron marginales se han vuelto inmensos, en parte porque no se ha entendido que hay dos mundos que interactúan para bien o para mal: el de los países en desarrollo, objetos de estrategias públicas, y aquellos desarrollados, que se suponían eran el modelo a seguir por los más pobres.

Pero, actualmente, se empieza a ver el desarrollo de manera distinta. Se reconoce que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por los países miembros del sistema de Naciones Unidas en noviembre del 2015, son “(…) las primeras metas realmente globales, y que se aplican no solamente al mundo en desarrollo, sino a todos los países (Ifpri, 2016). Este reconocimiento se traduce en la necesidad de establecer sistemas globales para enfrentar los graves problemas que persisten. Ya no se trata de concentrarse solo en los países pobres, sino de reconocer que el mundo industrializado también contribuye a los problemas de los anteriores, y, por ende, a las soluciones. Igualmente, esto implica aceptar que nadie hoy tiene totalmente resueltas, de manera sostenible, sus dificultades. Es decir, que las próximas generaciones no tienen asegurado un futuro necesariamente mejor, a menos que se tomen en serio, por parte de todos, las nuevas metas planteadas en la llamada Agenda 2030, que incluyen los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Es probable que las primeras políticas que empiecen a manejarse, de manera global, sean precisamente las que se plantean en los ODS1, acabar con la pobreza, y el ODS2, Hambre Cero. Son estos dos objetivos, incluyendo todas las formas de malnutrición y la conservación del ambiente, las que constituyen para el Ifpri el corazón de esta Agenda 2030 (Ifpri, 1). Esta mirada global se concentra, hasta el momento, en el tema de la seguridad alimentaria, área que muchos gobiernos e instituciones de desarrollo no le otorgan prioridad. La razón por la cual ahora se posiciona de otra manera es por el actual diagnóstico mundial. Hoy, se deben alimentar más de 6 mil millones de personas, cifra que nunca se imaginó en décadas anteriores. Pero hay 800 millones de individuos con hambre, y no todo el mundo tiene una vida saludable, ni una dieta con los nutrientes que se requiere. Y aquellos que consumen muchas calorías siguen estando malnutridos. Se plantea que un sistema que promueva el bien-estar de toda la población debe tener las siguientes características: debe ser eficiente, incluyente, climáticamente inteligente, sostenible, orientado hacia la nutrición y la salud, y amigable con los negocios.

Esta primera estrategia global denominada ‘Replanteando el sistema de alimentación global para el desarrollo sostenible’, se caracteriza por incluir temas que deben ser abordados tanto a nivel mundial como local, y uno de los más novedosos es el de la pérdida y desperdicio de alimentos en el mundo –el primero, principalmente, en los países en desarrollo, y el segundo, en los desarrollados–; el mejor manejo del agua, la importancia de las cadenas de producción de alimentos, la energía verde y la necesidad de cambios en la dieta. Probablemente, la mejor manera de comprender la dimensión de estas nuevas políticas se hace explícito en un resumen: solo cuando los ricos reduzcan el consumo y los pobres aumenten la producción, especialmente los pequeños productores, se lograría la meta en seguridad alimentaria. Pero, debe reconocerse que nadie sabe cuál es la dieta perfecta. Lo dicen los expertos.

Dos conclusiones para abrir este debate en Colombia. 1. Las acciones locales no tienen el impacto esperado si no forman parte de una política global, y cada día esto se va a reconocer más. 2. La seguridad alimentaria no es un tema de asistencia social, sino un factor clave para lograr un mundo mejor, porque atraviesa todos los sectores y actores del desarrollo.

Cecilia López Montaño
Exministra - Exsenadora

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