Cecilia López Montaño
análisis

¿Se necesita pelear y, sobre todo, insultar?

Es fundamental activar de nuevo el rol de la ciudadanía para que empiece a jugar
un papel mucho más preponderante.

Cecilia López Montaño
Opinión
POR:
Cecilia López Montaño
agosto 21 de 2016
2016-08-21 05:06 p.m.
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Colombia se ha vuelto realmente agotadora. Nada parecería poder resolverse por las buenas, y así se sulfuren los uribistas, lo más pacífico que hay en este momento son las conversaciones en la Habana. Se dicen cosas duras, se cuestionan acciones, se suspenden momentáneamente los diálogos, todo, entre lo posible, con un grado de cordialidad. Pero, sinceramente, parecería que se necesita estar fuera del territorio colombiano para tener y demostrar una de las que fueron virtudes de los colombianos, la amabilidad.

Quienes están dando este tono a los debates son los de siempre, los líderes políticos que no se miden en sus acusaciones. Todos los que les están sacando los trapitos al sol a quienes ahora están en la otra orilla, han cometido errores inmensos que el país no les ha cobrado. Solo décadas después se empieza a conocer la verdad de los hechos, unos más vergonzosos que los otros. La dosis de odio, de agresividad que nos están aportando estos personajes a quienes, sin duda, el país les debe tanto la bondad de sus aciertos como el costo de sus errores, es injustificable.

Así, con este clima de agresión permanente, nadie, por bueno, bondadoso y bien intencionado que sea, puede contribuir eficientemente a la construcción de la paz. Por ello es fundamental activar, de nuevo, el rol de la ciudadanía para que empiece a jugar un papel mucho más preponderante en los problemas y soluciones nacionales, de manera que sucedan varias cosas que son trascendentales.

Primero, no tener que esperar décadas para poder conocer la verdad sobre las actuaciones de nuestros líderes. Por comodidad, o como resultado de estrategias premeditadas, con demasiada frecuencia solo se sabe a corto plazo, o la verdad a medias, o acomodada para que nadie termine juzgado. De esta manera, los que siguen mandando pueden presumir de estar libres de pecado por el resto de su vida.

Por el contrario, con una ciudadanía activa, siguiendo de cerca lo que pasa en el país y en el Estado, se sabría en tiempo real, mucho más de los errores que se cometen y sería más fácil corregirlos, minimizar las consecuencias negativas, o sacar del poder a los responsables.

Segundo, con mayores actores en la sociedad interesados en el devenir del país, el tono seguramente mejoraría.

Estas reflexiones vienen al caso para lo que nos espera, ese viraje en la historia colombiana, que ojalá sea la transición de la guerra a la paz para entrar al posconflicto, que es realmente el inicio de una sociedad distinta. Pero, cómo se podrá construir la paz si nuestros líderes se matan con la palabra, se descalifican, se agreden y dan el peor ejemplo de violencia a esta sociedad, como si alguno de ellos estuviera libre de culpa.
Colombia es y ha sido siempre un país complejo, incluso por sus inmensas fortalezas. Su diversidad cultural no siempre se ha podido manejar acertadamente, y para muestra lo que está sucediendo actualmente en Chocó, donde la población afro, porque respaldan a los chocoanos, están indignados por la marginalidad en la que viven. Su geografía, con dos mares, que son un privilegio, también tiene tres cordilleras que hacen muy complejas las comunicaciones en general y la infraestructura en particular. Ser gobernante en este país es un reto mayúsculo, pero la realidad es que siempre quedará la duda de si los mejores han manejado el país. De otra manera, cómo se pueden explicar tantas décadas de conflicto permanente. ¿Será que en el poder podrían haber estado otros personajes que fueron excluidos de entrada por las roscas de siempre?
Este es el momento de la ciudadanía para que entre de manera masiva al panorama nacional, pero con un estilo que se acomode más a lo que se espera sea este país una vez se empiece a cerrar el capítulo del conflicto armado. Más preocupaciones por los temas del país, de la región, de la ciudad, del campo convertirían a millones de colombianos en verdaderos ciudadanos. Esta moda de vivir al margen para estar tranquilos no puede seguir, especialmente entre los sectores que tienen todo, hasta acceso privilegiado al poder.

Los colombianos del común tenemos que ser capaces de demostrar que no necesitamos pelear con insultos, sino debatir civilizadamente para hacer de nuestro país una sociedad mejor. Esta sería una lección histórica que darían los 48 millones de colombianos a esta dirigencia política que nos tiene agotados. A su vez, abriría la posibilidad de nuevos liderazgos, sin tantos vicios, sin tanta historia pasada, con los cuales sí se podría construir una nueva Colombia. Es el diálogo y no la pelea, y menos el insulto, lo que nos llevará a convertirnos en una sociedad progresista y moderna. Esta es la gran oportunidad de la sociedad civil colombiana. No perdamos esta maravillosa posibilidad.

Cecilia López Montaño
Exministra - Exsenadora

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