"Se nos fueron dos economistas"

Los que tuvimos el privilegio de conocer a César González y a Juan Mario Laserna, estamos tristes porque no es fácil encontrar personas como ellos.

Fallecidos

No nos habíamos repuesto de la partida de nuestro colega César González Muñoz (izquierda), cuando recibimos la dolorosa noticia de la muerte de Juan Mario Laserna (derecha).

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Opinión
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julio 31 de 2016 - 04:43 p.m.
2016-07-31

No habíamos logrado reponernos de la partida de nuestro colega César González Muñoz, cuando el domingo 24 de julio recibimos la sorpresiva y dolorosa noticia de la muerte de Juan Mario Laserna. Nuestra profesión ha perdido en un corto tiempo a dos economistas muy distintos, sin duda, pero que tenían en común su disposición permanente para servirle al país desde distintos frentes, su amor por su tierra natal y su interés por la política. Desde posiciones distintas, ocuparon altos cargos tanto en el sector público con en el privado. Ambos incursionaron en la política venciendo esa posición cómoda que con frecuencia asumen los tecnócratas de este país de no contaminarse por esa actividad: César, en la campaña a la presidencia de Horacio Serpa, y Juan Mario, además de senador, participó activamente en la campaña de Martha Lucía Ramírez. También el amor por su tierra de origen marcó sus vidas hasta el final.

Se fueron demasiado pronto, cuando todavía tenían mucho que aportarle a esta sociedad colombiana, especialmente en estos momentos cuando, seguramente, desde orillas diferentes, habrían podido contribuir a esta nueva etapa que esperamos se inicie cuando termine la negociación en la Habana.

Muchos no sabíamos que César González estaba enfermo, y teníamos la sensación de haberlo visto recientemente, sonriente y amable como siempre, y dispuesto a hablar del país, de su economía y de la política. Con Juan Mario estuvimos en el Lanzamiento de la Paz Querida, grupo del cual fue un importante miembro. Hoy, tenemos un profundo dolor porque nadie podía suponer que su vida acabaría tan pronto y de manera particularmente trágica. Era demasiado joven, lleno de planes para un futuro que se preveía muy promisorio y con muchos retos personales pendientes.

César perteneció a ese grupo de economistas de la Universidad Nacional que se ha distinguido por su visión mucho más social y con frecuencia crítica de los modelos ortodoxos, cuando se aplican sin beneficio de inventario. Con Luis Bernardo Flórez, quien también falleció hace algunos años, Jorge Iván González, Antonio Hernández Gamarra, Consuelo Corredor, entre otros, formaron un grupo de economistas progresistas con el sello de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional. Una agrupación de profesionales que se movió con éxito entre la academia y la política, pero siempre con una tendencia más socialdemócrata que los economistas de los Andes.

Aunque estos los primeros han llegado a altas posiciones, siempre he sentido que el país ha debido darles mucho más reconocimiento en este mundo colombiano dominado por los economistas de los Andes. Y que conste: tanto mis hijos como yo somos uniandinos.

Juan Mario, desde su posición en la junta del Banco de la República, fue un asesor permanente en los debates económicos del Congreso antes de que se convirtiera en uno de los pocos economistas que han logrado llegar al Senado de la República, dominado por abogados. Como era de esperarse, rápidamente Juan Mario logró el reconocimiento en este difícil escenario, por su seriedad y profundidad en sus análisis.

Siempre fue un consejero generoso para quien lo importante era ayudar a explicar temas complejos de nuestra profesión, de manera que las buenas ideas salieran adelante. A la tecnocracia le sorprendió la forma como asumió su papel de político y, sobre todo, sus explicaciones sobre el clientelismo, tal vez demasiado realistas para algunos, pero en el fondo llenas de sabiduría. Juan Mario es tal vez es uno de los pocos casos de un economista muy bien formado que asumió y disfrutó el ejercicio de la política por su contacto con la gente, con su tierra. Si su vida no hubiese terminado tan abruptamente hubiera vuelto a la política partidista. Los liberales siempre vimos a Juan Mario como un conservador muy particular.

Se sentía realizado levantándose antes de las cinco de la mañana para estar en la radio, en RCN, y nos confesó a Roberto Junguito y a mí, que de pronto él podría llegar a ser, cuando estuviera viejo, el reemplazo de Álvaro Castaño Castillo, porque estaba descubriendo esa nueva faceta de su vida. Estaba sin duda, explorando nuevos caminos para su desarrollo profesional, aunque sus análisis económicos seguían siendo su fuerte.

Los que tuvimos el privilegio de conocer a César González y a Juan Mario Laserna, estamos muy tristes, nos duele mucho su partida, porque no es nada fácil encontrar en nuestra profesión personas como ellos, tan interesados en actuar en uno de los sectores que más renovación necesita en el país, la política, especialmente aquella que se quiere hacer desde las regiones.

Ahora que por fin todo se enuncia ‘con enfoque territorial’; cuando vivimos momentos complejos de nuestra economía, su luces nos harán mucha falta. Además, los extrañaremos aún más como amigos, sencillos, amables y siempre con una sonrisa y su saludo cariñoso para todos.

Acompañamos, de todo corazón, a su familia. Paz en su tumba.

Cecilia López Montaño
Exministra - Exsenadora.