Los ‘papeles del Vaticano’: sexo, avaricia y goteras

Los autores de los más recientes libros sobre los escándalos están siendo procesados por negarse a revelar quién les filtró la información.

Ante el potencial para producir mayores vergüenzas, algunos expertos del Vaticano están anticipando acciones legales que le pongan rápido final al juicio, por razones de procedimiento.

Ante el potencial para producir mayores vergüenzas, algunos expertos del Vaticano están anticipando acciones legales que le pongan rápido final al juicio, por razones de procedimiento.

Archivo particular

Opinión
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Portafolio
abril 12 de 2016 - 11:18 p.m.
2016-04-12

De acuerdo al último de una serie de escándalos relacionados con lo que se podría llamar ‘los papeles del Vaticano’ por tratarse de documentos clasificados filtrados a la prensa, dos altos funcionarios, el presidente y el tesorero de un hospital infantil de propiedad del Vaticano, fueron detenidos como parte de una investigación sobre costosas renovaciones en el lujoso apartamento del ex secretario de estado del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone.

Esta, como el resto de las más recientes denuncias sobre malos manejos de todo tipo en la Santa Sede que han provocado detenciones de funcionarios, periodistas y prelados, procesos judiciales todavía en curso, acusaciones, traiciones e intrigas dignos de una truculenta telenovela, es producto de lo que se conoce como Vatileaks.

El término se puede definir como un goteo permanente de revelaciones a cual más asombrosas, sobre oscuras e inescrupulosas gestiones en el Vaticano, sobre todo a los más altos niveles.

La fuente principal de los escándalos son dos libros recientes, escritos por dos periodistas, quienes fueron detenidos y están siendo procesados por negarse a revelar quién les “filtró” la información. En ellos revelan múltiples casos de malos manejos, gastos fuera de control y vidas de lujo por parte de altos prelados de la Iglesia católica como el cardenal Bertone y arguyen que el papa Francisco enfrenta seria oposición interna.

El polémico juicio contra los periodistas Emiliano Fittipaldi, autor de Avaricia, y Gianluigi Nuzzi, de Los comerciantes del templo, quienes pueden recibir penas de hasta 8 años de cárcel, incluye a otros tres presuntos informantes cuyos amoríos han convertido la sala penal en un teatro picante en el que abundan acusaciones de maquinación sexual, chantaje y piratería informática detrás de los muros fortificados de la Santa Sede, y en el que han aparecido como testigos algunos de los colaboradores más cercanos del papa Francisco.

El juicio se había aplazado durante tres meses para permitir a los expertos informáticos recuperar mensajes electrónicos borrados, textos y mensajes de WhatsApp entre los implicados.

Los otros tres acusados son la relacionista pública Francesca Chaouqui, el monseñor español Lucio Vallejo Balda y su asistente Nicola Majo quienes al parecer conspiraron para filtrar documentos secretos a los que tenían acceso como miembros de una comisión nombrada por el papa Francisco para ayudar a sanear las finanzas del Vaticano, poco después de su elección en 2013.

FUGA DE INFORMACIÓN

La razón de la fuga de información que dio lugar a los libros se encuentra al parecer en el enfriamiento de la furtiva relación sentimental mantenida entre el sacerdote y la relacionista pública, quien está casada y embarazada de seis meses.

Francesca Chaouqui, asegura, como parte de su defensa, que estaba trabajando en nombre del Papa. Entre los testigos en su caso han aparecido el cardenal Pietro Parolin, quien figura como el número dos en la jerarquía eclesiástica, y dos confidentes del Papa, el arzobispo Konrad Krajewiski y el cardenal Santo Abril y Castelo, quienes encabezan el panel que supervisa la investigación sobre el Banco Vaticano.

Monseñor Vallejo Balda admitió filtrar documentos a los periodistas y dijo que lo hizo a instancias de Chaouqui, con quien tenía una relación “comprometedora”. Dijo que se había dejado chantajear para entregarlos porque estaba enamorado después que ella iniciara avances sexuales. Ella niega haber tenido relaciones con monseñor e insiste en que actuó solo.

“Voy a destruirlo en la prensa y usted sabe que puedo hacerlo”, Chaouqui presuntamente escribió a monseñor Vallejo Balda en un mensaje de WhatsApp que fue citado por el fiscal durante el juicio.

El sacerdote reconoció también haber dado alrededor de 87 contraseñas a su asistente para acceder a los documentos electrónicos, así como a cuentas de correo electrónico en el Vaticano. Igualmente dijo que Francesca Chaouqui era un espía de los servicios secretos italianos. “Ella se jactaba de tener un montón de detalles de mi vida privada, mis bienes y mis problemas con las autoridades fiscales”, agrego.

BUROCRACIA A PUNTO DE IMPLOSIÓN

Los libros de Nuzzi y Fittipaldi describen el vaticano heredado por el papa Francisco como una burocracia a punto de implosión debido a un cóctel tóxico de exceso de gastos, sistemas de contabilidad débiles y graves irregularidades en varios departamentos para ocultar corrupción endémica.

Entre las revelaciones más sorprendentes es que más del 80 % de las donaciones hechas por los creyentes del mundo bajo el esquema Óbolo de San Pedro fueron tragadas por la burocracia para ayudar a subvencionar el lujoso estilo de vida de muchos cardenales radicados en Roma.

El Vaticano ha sido fuertemente criticado por grupos de defensa de la libertad de prensa, que afirman que los dos periodistas están siendo perseguidos por hacer su trabajo al revelar los problemas que los creyentes y el público en general tienen derecho a conocer.

Ante el potencial para producir mayores vergüenzas, algunos expertos del Vaticano están anticipando acciones legales que le pongan rápido final al juicio, por razones de procedimiento.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio
Luxemburgo