César Caballero Reinoso

Bermudas, Anguila e Islas Caimán

César Caballero Reinoso
Opinión
POR:
César Caballero Reinoso
agosto 06 de 2015
2015-08-06 03:14 a.m.
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El Banco de la República publicó hace unos meses el acumulado de la inversión extranjera en Colombia, en un periodo de 20 años: 1994 al 2014. La evolución muestra un comportamiento de largo plazo muy positivo. Pasamos de niveles anuales del orden de 300 millones de dólares a principios de este siglo, a valores superiores a los 2.800 millones de dólares anuales desde el 2012.

Esto es el resultado de muchos factores, y es necesario reconocérselo a los dos gobiernos involucrados: tanto la seguridad democrática de Uribe como la política internacional de Santos son parte central de este logro. Ambas administraciones impulsaron una estrategia de tratados comerciales con Estados Unidos, La Unión Europea y varios países de América Latina, que también han contribuido a volver a Colombia un lugar más atractivo para la inversión extranjera.

Pero, sin lugar a dudas, la estabilidad macroeconómica del país, con una inflación bajo control, buenos niveles de crecimiento, la independencia del Banco Central y la regla fiscal han sido fundamentales. La combinación de todos estos factores hacen de nuestro país un destino de menor riesgo para los inversionistas, y eso es altamente positivo.

No debe sorprenden que en estos 20 años el país de donde ha llegado el mayor volumen de inversión extranjera es Estados Unidos, con un acumulado de 29.300 millones de dólares en los 20 años.

Lo sorprendente y llamativo es el aporte de tres lugares concretos: Bermudas, Anguila e Islas Caimán. En conjunto, son el origen de 18.700 millones de dólares. Los tres son paraísos fiscales y, por lo tanto, es claro que no son nacionales de estos países quienes realizan la inversión, todo lo contrario, podría afirmarse que son ‘inversionistas no convencionales’, muy poco interesados en dar a conocer sus nombres ni el origen de sus recursos.

Algunos de ellos, me atrevo a especular, son colombianos, que con mecanismos ‘ingeniosos’, como el Fondo Premiun de InterBolsa, sacan sus recursos del país para traerlos bajo la fachada de inversión extranjera directa y así obtener los beneficios tributarios ofrecidos por nuestra legislación. Otros deben ser dineros provenientes de actividades ilícitas, con lo cual, al ingresar desde un paraíso fiscal, encuentran un mecanismos para lavar los mismos.

La inversión extranjera directa es importante no solo por su volumen, sino particularmente porque tiene el potencial de mejorar nuestra productividad y puede traer, aunque no siempre lo hace, mejores prácticas y estándares empresariales. También puede tener efectos benéficos para ampliar el capital humano disponible en nuestro país, pues con la llegada de inversionistas extranjeros serios, también arriba un buen grupo de profesionales de alto nivel. Sin embargo, cuando se usa como disfraz para evadir impuestos o lavar activos, es claramente indebida y debe ser controlada.

Hoy, el Ministro de Hacienda y el Director de la Uiaf han venido impulsando medidas para mejorar el intercambio de información con los distintos países para evitar estas prácticas indebidas. Su esfuerzo hace parte de una iniciativa global para controlar el lavado de activos y prácticas indebidas de algunos actores de los mercados financieros. Hasta aquí el argumento no debería tener mayor discusión ni generar sobresaltos. Pero si incluimos a Panamá, donde también han existido prácticas financieras propias de los paraísos fiscales, el tono de la discusión parece cambiar. ¿Por qué será?

César Caballero Reinoso

Gerente general de Cifras y Conceptos

ccaballero@cifrasyconceptos.com

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