César González Muñoz

Bajar la escala del mapa cambiario

César González Muñoz
POR:
César González Muñoz
junio 14 de 2011
2011-06-14 11:58 p.m.
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La discusión pública sobre la tasa de cambio, su posición y sus movimientos, carecen de la calidad necesaria. Hay dos extremos ideológicos: en uno de ellos están quienes quieren un vuelco al modelo y la erradicación de la ortodoxia dominante y las prácticas hoy aceptadas por los que manejan el Estado. Quienes tienen estas visiones están parados en un mapa a gran escala; no se preocupan por los detalles institucionales y culturales involucrados, están del lado de la consejería, no de la gestión y no tienen influencia alguna en las instituciones políticas.

En el otro extremo están los que promueven una estrategia que obligue a los productores de bienes transables a bajar costos, aumentar la productividad y ser competitivos, como única salida ante una tasa de cambio quebrantadora. Algunos de ellos son amigos de una estrategia de mitigación, similar a la que se inventaron quienes montaron el sistema AIS, supuestamente para compensar en el campo el impacto del TLC con EE. UU.

Otros, en este mismo extremo, alegan que más temprano que tarde el dólar restablecerá su condición de moneda superpoderosa, entonces el ajuste vendrá desde la Reserva Federal. Estos extremistas tienen alguna influencia en las instituciones políticas.

No voy a decir, no, que el Banco de la República está bajo el control de este extremo. De eso no se trata.

El lugar que ocupa el banco central colombiano en las instituciones políticas está determinado en la Constitución y la ley. No obstante, aun teniendo en cuenta los textos legales, el Emisor se ha ganado en la mente colectiva del establishment un estatus de intangibilidad que no tienen otros bancos centrales independientes del mundo.

La institución de banca central es un logro importante de la Constitución del 91, y sus resultados en materia de inflación son innegables, pero el escrutinio público inteligente e informado sobre sus acciones no es suficiente.

Ello no es culpa del Banco, sino de la guardia ideológica montada por sus defensores a ultranza.

El artículo de Juan Fernando Echavarría (‘Balanza de pagos y revaluación’), publicado ayer en este diario, va en la dirección correcta. Sin mencionar para nada la política del banco central, Echavarría reduce la escala del mapa cambiario y encuentra, por ejemplo, que la bonanza minera no ha alcanzado a producir un superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, de modo que allí no se encuentra un claro impulso revaluador del peso, que los flujos de inversión extranjera el año pasado no fueron superiores a la suma de los dividendos remitidos al exterior por compañías extranjeras y a la reinversión de utilidades, que en el 2010 el Gobierno no atizó el fuego revaluacionista y que el endeudamiento privado sí está siendo una fuente grande de oferta de divisas.

¿Por qué y para qué este comportamiento de las empresas con domicilio en Colombia? En síntesis, falta seguir reduciendo la escala del análisis para entender qué diablos nos está pasando con la tasa de cambio.

Este enfoque inteligente es la única salida. Muy buena contribución intelectual.

Falta un detalle: el influjo del narcotráfico, del contrabando y en general de la economía ilegal en la formación de la tasa de cambio, infortunadamente, sigue siendo una nota de pie de página, si acaso, en los análisis usuales que nos ofrece el Estado sobre la situación cambiaria.

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