César González Muñoz

No bastan buenos economistas

César González Muñoz
POR:
César González Muñoz
junio 21 de 2011
2011-06-21 11:38 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/18/56c615d6e1991.png

 

La terrible situación fiscal griega no puede atribuirse simplemente a una sucesión de gobiernos ineptos. Es trivial tratar de medir la calidad del Gobierno mediante algún parámetro universal de la buena gestión pública; en todas partes, incluyendo Colombia, siempre hay que observar un elemento intermediario, que es el conjunto de las instituciones políticas y culturales.

En este marco, el desastre griego no resulta sólo de la acción de burócratas locos y alegrones, exentos de reglas claras de sostenibilidad fiscal.

Ni aquí, ni en parte alguna, buenos economistas prácticos son suficientes para detener un torrente de acciones que degüellan las finanzas públicas y hacen colapsar la economía y que, como en el caso griego, amenazan con un contagio en toda la Zona del Euro.

El análisis más frecuente plantea que las soluciones son de carácter económico y financiero, que la medicina puede ser amarga, pero que si se aplica juiciosamente el país vuelve a recuperar la salud para empezar a pagar la cuenta de los cuidados intensivos. Aquí hace falta el análisis político, o de economía política si usted quiere.

Ni las salidas a los problemas fiscales en Grecia y Colombia son sólo económicas, ni la cosa se resuelve abandonando una supuesta manía neoconstitucionalista que pone los derechos ciudadanos por encima de cualquier consideración fiscal. Vamos a la Grecia contemporánea, que puede ser un espejo en el que mire el régimen político colombiano, pero no sólo en lo que tiene que ver con la manía. En noviembre del año pasado la revista virtual Opendemocracy.net publicó un artículo del profesor Takis S. Pappas sobre los antecedentes de la crisis griega The causes of the Greek crisis are in Greek politics.

En síntesis, Pappas argumenta que los orígenes del problema están en “las enfermedades” del sistema político instalado en Grecia desde hace tres décadas, y que la solución reside nada menos que en la reorganización del tejido político e institucional de ese país.

¿Cuáles son, según el autor, tales enfermedades? Primera, el populismo, que Pappas equipara a dos hechos: uno, la enorme expansión del gasto público, financiado por los generosos fondos de desarrollo provenientes de la UE –Grecia es miembro desde 1981– y por un crecimiento enorme de la deuda pública. Esta historia produjo una clase media altamente consumidora de bienes y servicios procedente de Europa.

Dos, una mediocre condición tributaria; la carga de impuestos en Grecia es más leve que en los demás países de la UE, debido a la evasión tributaria y a la ineficiencia del sistema de recolección de impuestos.

Este hecho se refleja, además, en el gran tamaño de la llamada economía informal o paralela. Este ambiente ha producido en la población una fuerte resistencia a los ajustes fiscales.

La segunda enfermedad es la del clientelismo como condición del éxito electoral de los dos principales partidos que se disputan el poder. Y la tercera es el etnocentrismo, que se expresa, según Pappas, en un patriotismo extremo y la xenofobia. Siendo así, la ‘europeización’ de la sociedad griega tiene mucho de caricatura.

Grecia va para un recorte obligado de su deuda pública a cargo de sus acreedores públicos y privados. El euro puede estremecerse, después tendrá que venir un volantín de las instituciones políticas. No bastarán buenos economistas.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado