César González Muñoz

Empieza a subir el sol

A medida que va subiendo el sol en el firmamento de esta administración, será más difícil afrontar e

César González Muñoz
POR:
César González Muñoz
noviembre 10 de 2010
2010-11-10 12:33 a.m.
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La cosa cambiaria no está en estado estacionario. ¿Para dónde va el precio del dólar en Colombia? Obviamente, entre la bola de cristal y los economistas hay una densa niebla. Es mejor no meterse a oráculo. Pero lo que sí es justo afirmar es que buena parte del arsenal colombiano disponible (en la razón, no en la política) es de misiles no disparados. Lástima. Como se ven hoy las cosas, no parece fácil evitar una ulterior apreciación del peso colombiano.

Ciertamente, es inmensa la fuerza de lo que ocurre allá afuera entre los principales gobiernos, bancos centrales y divisas; en ese desfile de carnaval, la comparsa colombiana marcha al ritmo impuesto por los ricos y, un poco también, por los emergentes grandes.

Pero, además, camina coja por designio propio. El Gobierno se abstiene de apretar los controles administrativos a los capitales golondrina, al endeudamiento externo privado de corto plazo y a la posición neta de los intermediarios financieros en divisas extranjeras.

Todo ello hace parte, hoy día, de los ingredientes digeribles en la receta de la estabilidad cambiaria. Hasta el FMI ya paladea, con gusto, ingredientes como esos. Vaya usted a saber las razones por las cuales el Gobierno no dispara esos misiles. ¿Será que hay temores relacionados con el logro del ansiado grado de inversión otorgado por las descaecidas calificadoras de riesgos?

La verdad es que para ciertos sectores de las finanzas y de la hacienda pública el grado de inversión para del país es una meta más preciada que la membrecía, pro témpore, del Consejo de Seguridad de la ONU y que la entrada colombiana al club de las democracias ricas de la Oecd. Es posible que el presidente Santos y su ministro Echeverry se malicien que estas decisiones vayan a quitarles a las calificadoras su entusiasmo para graduar a Colombia. ¿Será?

Los controles a las corrientes de capital financiero son, en las actuales circunstancias, herramientas indispensables para aguantar el chaparrón de la guerra de divisas y de la vastedad de la expansión monetaria gringa. No deberían ser dispositivos permanentes. Colombia se abstiene. Y se abstiene el Gobierno también de disparar, tan rápido como fuera posible, los misiles tributarios y de revisión del gasto público, que siguen siendo temas irresolutos en el campo de la calidad financiera del Estado colombiano y, principalmente, en el de la justicia social.

Las medidas de corte tributario que tomó el Gobierno la semana pasada tienen todas que ver con el propósito de bajarle el ánimo al endeudamiento privado externo. Para el cerebro recaudador de impuestos, la única decisión anunciada ha sido la de tratar de cerrar algunos huecos grandes del cuatro por mil. Ahora bien, el cerebro recaudador se arruga un poco ante la decisión de bajar los gravámenes de buena parte de las posiciones arancelarias. Ahí se va el recaudo de más de un billón de pesos.

A medida que va subiendo el sol en el firmamento de esta administración, será más difícil afrontar el desafío político de una verdadera reforma tributaria con sentido de justicia social, que además reduzca la dinámica del endeudamiento público externo. Los que saben de estas cosas dicen que, en medio de la tormenta internacional, la principal dínamo interna de la apreciación del peso es el chorro del financiamiento externo del Gobierno Nacional.

 En otras palabras, aquí se le añade insulto la injuria: las furiosas corrientes del dólar súper abundante encuentran buenas bahías en el Tesoro público colombiano. Lástima que la agenda liberal de Santos no incluya todavía el volantín fiscal que hace tiempos exige nuestra historia.

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