TLC, afortunada paradoja | Opinión | Portafolio
César González Muñoz

TLC, afortunada paradoja

El Tratado de Libre Comercio le va a doler a la sociedad en muchos puntos sensibles.

César González Muñoz
POR:
César González Muñoz
abril 13 de 2011
2011-04-13 12:23 a.m.
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Causaré indignación en ciertas almas patrióticas: yo sí creo que la justicia y la libertad han tenido un avance con los últimos acontecimientos en el trámite del TLC con EE. UU.
Después de 7 años de ires y venires, parece que el nudo se desata mediante un ‘programa conjunto’ de rescate y promoción de la decencia en el régimen laboral y en la protección de los derechos sindicales en Colombia.
Afortunada paradoja: el TLC ha producido un resultado positivo concreto para un sector social radicalmente opuesto a este acuerdo. 
Los compromisos que adquirió el Gobierno en materia laboral y de protección a los derechos básicos podrían ser más importantes para Colombia que la mayoría de las cláusulas del tratado. Si se aprueba finalmente en Washington, el TLC le va a doler a la sociedad colombiana en muchos puntos sensibles. Pero los dolores podrían compensarse mediante una mejora notable en la calidad de la vida laboral. Esta es una excelente noticia, en una historia cubierta de ultrajes y de indiferencia en el ánimo de gran parte de la comunidad.Han de estar de plácemes los líderes de las precarias organizaciones de trabajadores, y estar preparándose para asumir la conducción seria y ponderada del movimiento social.
Los devotos del TLC se torcían de indignación ante el continuo desdén de la contraparte. Ahora otros comentaristas ven ultrajada la dignidad nacional por cuenta de la manera como el Gobierno de EE. UU. ‘le impone’ estos compromisos al Gobierno colombiano a guisa de ‘si quieres marrones,aguanta tirones’. Esta indignación es prueba de la liviandad con que la cúpula social observa el mundo sindical, sus agobios y tragedias.
¡Qué va! La dignidad nacional ha sido largamente ofendida, a la vista del mundo, por la violencia de la vida en Colombia. Venga de donde venga el impulso, lo que importa es que el país introduzca factores de respeto y compasión por su gente. Es cierto que el telón de fondo de este ‘programa conjunto’ es la disputa política interna de los gringos, pero si aquí no ha habido suficiente poder ciudadano y sindical para poner las cosas en orden, bienvenida la intervención desde afuera. Fernando Pessoa dijo: “mi patria es la lengua portuguesa”.
Digamos también que la dignidad humana no tiene bandera. Para que nadie se sienta tratado como un lacayo, hay que cultivar la auténtica dignidad nacional: la que proviene de vivir en un país apacible.
Ahora, es más probable que el TLC pase por el aro de fuego del Congreso de EE. UU. Pero no será una panacea, ni la roca que empuje al abismo a la economía nacional. Lo que resulta sensato es poner el asunto en el terreno que corresponde, que es el de los temas de interés nacional y su contraste con los negocios privados.
En lo comercial, el 37% del universo arancelario de EE. UU. tiene tarifa igual a cero. El arancel promedio es 3%. Colombia no requiere tratamiento especial para acceder al mercado gringo de café, petróleo, carbón, banano, ferroníquel, oro, esmeraldas. Esas corrientes comerciales no necesitan TLC.
En las actuales condiciones de infraestructura física y de tasa de cambio, no se ve por dónde podría venir, en el futuro previsible, un sustancial aumento de las exportaciones beneficiarias del TLC. Pero, bueno, apareció un inesperado punto a favor.  
cgonzalm@cgm.com.co  

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