César González Muñoz

TLC con EE. UU., siete años después

En el ambiente interno es evidente el fastidio con el largo capítulo de la ratificación del TLC.

César González Muñoz
POR:
César González Muñoz
abril 06 de 2011
2011-04-06 01:09 a.m.
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Este acuerdo comenzó siendo aclamado por el Gobierno Uribe como un instrumento clave del desarrollo colombiano, dizque por el agotamiento del mercado interno; la administración Santos lo considera “modernizante”, pero, con una buena dosis de hastío, la Canciller dijo que Colombia bien podía vivir sin el TLC.
Comentarios de similar contenido ha hecho el embajador de Colombia en Washington, Gabriel Silva. Él dice que Colombia “no se obsesiona” con el TLC. Obsesión o no, para muchos sectores de opinión en Colombia esta saga de cinco años desde cuando los negociadores firmaron el texto del acuerdo -después de dos años de conversaciones- se ha convertido en un asunto de dignidad nacional. Por ello, ya se discute menos sobre la real conveniencia estratégica del TLC, y más sobre el maltrato que los gringos le dan a uno de sus principales aliados regionales. Recogiendo este ambiente, el director de la revista virtual Razón Pública, Hernando Gómez Buendía, ha escrito que la tardanza en ratificar el Tratado es humillante, y que bien vale la pena escudriñar un nuevo camino, mirando al sur y a China. Cierto, probablemente el Embajador Silva hubiera dicho lo mismo si no fuera por la dureza de su investidura diplomática.
En el Capitolio y en la Casa Blanca la preocupación por las violaciones a los derechos humanos en Colombia es un aspecto de bloqueo del proceso legislativo del TLC. Un factor de muy alta legitimidad y urgencia, sin duda. Y también ha sido un buen argumento de los lobbies sindical-electorales, que influyen en la actitud de muchos legisladores gringos del Partido Demócrata y en la del presidente Obama.
En los últimos días el congreso gringo parece haber salido del letargo con el TLC colombiano, dándoles nuevas ilusiones al Gobierno y a los ofendidos en su dignidad nacional. Pero hay que ser realistas: se trata de movimientos impulsados, principalmente, por el tira y afloje de la política interna de Estados Unidos, y no tanto por la solidaridad continental, o por razones geopolíticas. El lunes el Wall Street Journal publicó un artículo firmado por dos importantes senadores demócratas, Kerry y Baucus, presidentes de dos comités claves del Senado. El artículo clama por la ratificación del TLC colombiano, indicando que el tratado abre nuevos mercados para las exportaciones de Estados Unidos, que las cosas han mejorado en la legislación laboral colombiana y que las autoridades aquí están haciendo esfuerzos concretos para mejorar la seguridad personal de los líderes sindicales.
Esta declaración sugiere que el TLC pasará con facilidad en el Senado. Los líderes demócratas de la Cámara Baja han dicho, por su parte, que la Casa Blanca debe presentar, al mismo tiempo para su aprobación, los tres tratados pendientes: los de Corea del Sur , Panamá y Colombia. Debe recordarse que Obama quiere que se ratifique el TLC negociado con Corea del Sur de manera separada y previa respecto de los acuerdos con Panamá y Colombia. Pero los líderes de su partido en el Congreso le están diciendo que debe abandonar esta posición. Así, la dignidad nacional que algunos sienten ofendida pende de las disputas internas del partido de gobierno. Todos (Obama y los legisladores demócratas) tienen los ojos puestos sobre los lobbies y sus electores y no tanto sobre el interés nacional de Colombia.Veremos.

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