La verdad de los genéricos

Los argumentos siempre llegan a lo mismo: una batalla de desinformación de bando y bando.

Diego Roselly
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Diego Roselly
julio 30 de 2008
2008-07-30 03:30 a.m.

Ningún tema suscita tantas discusiones acaloradas en el sector de la salud como el de los medicamentos genéricos. En los debates sobre el tema, y hubo uno en la Academia Nacional de Medicina hace pocos días, es poco lo que se avanza. Las posiciones de los actores del sistema no solo son predecibles, sino al parecer, inmodificables. Los argumentos siempre llegan a lo mismo: una batalla de desinformación de bando y bando. Mientras tanto, médicos y pacientes no sabemos a quién creerle.

Que los voceros de la industria multinacional se opongan a flexibilizar el mercado de los genéricos es razonable. Aunque, vale decirlo, varios de los grandes laboratorios europeos y norteamericanos han introducido calladamente sus propias líneas de medicamentos genéricos.

Más inconsistente es, a mi juicio, la industria nacional. Por un lado, pretenden pelear en bloque, sin admitir que aquí hay unos laboratorios de reconocida calidad, que pierden prestigio al mezclarse con otros tantos de dudosas prácticas. Y para completar, su principal representante discute más con argucias de leguleyo y con alusiones sarcásticas que con argumentos convincentes, lo que poco ayuda a su imagen.

El papel del Gobierno, y del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud, parece más la búsqueda de ahorros al sistema que la preocupación por la calidad y la seguridad de los productos. La aprobación de nuevas copias de medicamentos -alegan las multinacionales- es un trámite más burocrático que técnico. Se utilizan, por ejemplo, los estudios clínicos del original para aprobar una molécula elaborada con otros estándares de producción.

En nuestros países somos generosos al concederles el rótulo de 'genéricos' a medicamentos que difícilmente cumplirían con los criterios que para ello exigen otros países. La OPS, entretanto, sataniza a los laboratorios de investigación aludiendo a su desmedido ánimo de lucro. La única diferencia, dicen entre líneas, está en el precio; la calidad es la misma para todos.

Las EPS les siguen el juego, y el precio del medicamento es el principal criterio para la toma de decisiones. Los médicos, en todas las especialidades, narran anécdotas de la pobre respuesta a éste o aquel medicamento cuando se hace el cambio del original a la copia. ¿Será simple coincidencia? ¿Será desinformación? A veces, sin duda, puede serlo.

Lo que sí son hechos es que algunas instituciones de salud de alta calidad han logrado negociar en sus contratos con las EPS la utilización de medicamentos originales, sobre todo en campos delicados, como los antibióticos, las drogas de cuidado intensivo o los medicamentos para el cáncer. ¿Será que lo hacen con el único propósito de aumentar los costos?

Y están los directivos de instituciones que adquieren para éstas los genéricos más baratos, pero que exigen los de marca cuando el paciente que los requiere es un familiar suyo. Qué problema. La verdad de los genéricos es que no sabemos, todavía, cuál es la verdad de los genéricos.

diego.rosselli@gmail.com

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