Ricardo Ávila
Editorial

A paso de tortuga

El volumen de proyectos productivos que arrancan de cero en Colombia, este año es el más bajo desde el 2006, dice un reporte.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 09 de 2016
2016-11-08 08:18 p.m.
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Que la economía colombiana ha perdido el lustre de otras épocas, es algo difícil de negar. La fuerte desaceleración de los últimos tiempos, ocasionada por el fin de la bonanza de precios de los productos básicos que exporta, nos hace ver como un sitio menos interesante tanto para las empresas que se dedican a actividades extractivas, como para quienes buscan oportunidades en el consumo interno.

Las cifras al respecto son elocuentes. Aquello que los especialistas conocen como la formación bruta de capital fijo y que se asocia al concepto de inversión, va de capa caída.
De acuerdo con el Dane, en el primer semestre del 2016 tuvo lugar una disminución del 2,4 por ciento en la categoría, atribuible especialmente a un bajón del 13 por ciento en el ramo de equipo de transporte y a otro del 8 por ciento en el renglón de maquinaria.

Un paso atrás de la magnitud observada es inquietante. Tal como sucede en tantas áreas, si no se siembran semillas, no habrá mejores cosechas que recoger en el futuro. De tal manera, nuestra pendiente de crecimiento será menos empinada, lo cual lleva a aplazar el objetivo de construir una sociedad próspera con rapidez.

El volumen de proyectos productivos que arrancan de cero en Colombia, este año es el más bajo desde el 2006, dice un reporte.

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Un escrito reciente de Anif pone los puntos sobre las íes. A un ritmo de aumento promedio del 4,5 por ciento anual en el Producto Interno Bruto como el que se registró durante el pasado lustro, hacían falta 20 años para duplicar el ingreso por habitante de los colombianos. Lamentablemente, con la velocidad actual, ese lapso subió a 35 años.
Puesto de otra manera, llegar al nivel que hoy tiene Chile sucedería en el 2050, y equipararse a la Corea del Sur de ahora haría obligatorio esperar al 2085.

Para que esa perspectiva cambie solo hay dos soluciones adecuadas, diferentes a la de esperar que nos volvamos a ganar la lotería por cuenta de un alza en los bienes primarios. La primera es aumentar de forma sustancial los índices de productividad con el fin de obtener resultados incrementales, tanto en la industria como en los servicios.
Para los expertos, un avance en este campo pasa por racionalizar costos laborales, desarrollar una buena infraestructura multimodal y mejorar la calidad educativa, lo que aseguraría contar con profesionales y técnicos más capacitados.

De manera complementaria, hay que atraer los capitales privados. Al respecto, un artículo aparecido este martes en el Financial Times muestra que las cosas tampoco avanzan bien en este frente. Sin desconocer que, a diferencia de lo sucedido en la mayoría de América Latina, los flujos de inversión extranjera directa hacia Colombia aumentaron entre enero y junio, la causa principal fue la venta de las acciones que la nación poseía en Isagen, a lo que se sumó la adquisición de las participaciones minoritarias por parte de Brookfield, el fondo canadiense que es el nuevo dueño de la firma.

Al ritmo actual de crecimiento, nos demoraríamos 35 años para llegar al nivel de ingreso por habitante que hoy tiene Chile.

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En contraste, los recursos destinados a proyectos que comienzan desde cero –y que en inglés se conocen con el término de greenfield- vienen disminuyendo. De acuerdo con el informe, este año se contabilizan 31 iniciativas por un valor conjunto de 631 millones de dólares, una cifra que es la más baja desde el 2006 y que se encuentra a una enorme distancia de los 11.744 millones de dólares contabilizados en el 2010.

La causa primordial es la destorcida en la minería y el petróleo, pero no es la única. De acuerdo con el diario británico, la esperanza de que tenga lugar un dividendo asociado a la paz, el cual vendría acompañado de un incremento en inversiones foráneas con destino al turismo y otros sectores, no se ha concretado.

Y nada hace pensar que las cosas vayan a variar, al menos si la incertidumbre en torno al acuerdo con las Farc y la reforma tributaria persiste. Pero, incluso si esas incógnitas se resuelven, habrá que redoblar esfuerzos para demostrar que aquí el terreno para los negocios es fértil. De lo contrario, avanzaremos a paso de tortuga.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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