Ricardo Ávila
Editorial

A propósito del diálogo

Las conversaciones con la oposición no solo deberían tocar el tema del acuerdo con las Farc, sino la necesidad de la reforma tributaria.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 05 de 2016
2016-10-05 09:07 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

No hay duda de que el clima de tensión política disminuyó este miércoles después de sucedida la cita entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe en la Casa de Nariño. El hecho de que el mandatario y el principal líder de la oposición abrieran las puertas del diálogo, que llevaban cerradas más de un lustro, elevó las esperanzas de que será posible encontrar una vía para salvar el proceso de paz con las Farc, que quedó en entredicho por cuenta del plebiscito del 2 de octubre.

Lo anterior no quiere decir que el camino esté allanado. Faltan todavía incontables reuniones con el fin de ponerse de acuerdo en una agenda de modificaciones que posiblemente tocará temas tan complejos como los de penas, elegibilidad y jurisdicción especial para la paz. La tentación a abrir el máximo posible de puntos deberá acotarse, si de lo que se trata es de concentrarse en lo importante.

Además, está la incógnita sobre la respuesta del grupo guerrillero, que afirma que no se moverá un ápice con respecto al documento suscrito en agosto. Más allá de que los efectos del acuerdo original no tengan validez, será difícil convencer al secretariado de que aquello que parecía seguro ya no lo es, y que ahora solo le queda ceder en sus posturas.

Mientras los eventos relacionados con la negociación toman su curso –ojalá con la conciencia de que el tiempo vale oro–, hay que destacar la trascendencia de que los antagonistas se sienten a conversar. Sería irreal creer que de ahora en adelante solo habrá concordia entre aquellos que llevan años de polémicas públicas, pero la capacidad de tramitar directamente las diferencias, sin hacerlo a través de los micrófonos o de las redes sociales, ayuda a disminuir la polarización que inquieta a tantos observadores.

El clima de apertura que se vislumbra debería ser aprovechado para mirar otros asuntos trascendentales. Lo ideal sería desarrollar un espacio que permita establecer políticas de Estado que trasciendan el lapso de una administración, tal como lo sugirió un documento del BID recientemente. Hablar de lo que es necesario hacer en un escenario de largo plazo en educación, justicia, medioambiente o infraestructura, debería servir para convocar a las fuerzas que dicen pensar en la próxima generación y no en la próxima elección.

Sin embargo, como lo mejor es enemigo de lo bueno, el Gobierno requiere poner sobre la mesa un tema urgente, como es la salud de la economía colombiana. Con los comicios del 2018 a la vuelta de la esquina, más de un partido se niega a respaldar medidas impopulares, con el argumento de que hacerlo le disminuiría sus oportunidades en las urnas. De hecho, el lunes los liberales –que todavía forman parte de la Unidad Nacional– anunciaron que no apoyarían ninguna propuesta relacionada con impuestos, usando la conocida expresión de que están del lado del pueblo.

Al respecto, el Ejecutivo está obligado a hacer la tarea de señalar que, independientemente de la vocación de poder que tenga, no hay bancada que menosprecie la importancia de recibir la casa en orden dentro de 22 meses. Una recesión, o una pérdida de confianza por parte de los mercados internacionales, serían indeseables por los nefastos efectos sociales que tendrían, además de amargarle la vida al que llegue a reemplazar a Santos como inquilino en la Casa de Nariño.

En consecuencia, hay que traer a colación la reforma tributaria que sería radicada la semana que viene en el Capitolio. Más que invitar a propios y extraños a compartir plenamente las propuestas del Ministerio de Hacienda, lo que se debe buscar es un consenso para aumentar los recaudos públicos en una proporción determinada, dejando para el debate en el Congreso el examen de diferentes fórmulas. Una actitud constructiva serviría para disminuir el nivel de incertidumbre, pues demostraría, adentro y afuera, que Colombia, incluso en medio de la tormenta política que la golpea, es capaz de mantener el rumbo de su economía.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado