Ricardo Ávila
Editorial

Una actualización necesaria

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
junio 16 de 2016
2016-06-16 08:33 p.m.
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A punto de terminar las sesiones del Congreso, legisladores y Gobierno están en una carrera contra el reloj para aprobar los proyectos pendientes. Una de esas iniciativas es la actualización del Código de Policía, cuyo debate final ocurría al momento de escribir estas líneas. Con más de 240 artículos, el texto significa un cambio de fondo que será sentido por todos los ciudadanos.

El país está en mora de aprobar un nuevo compendio de normas de convivencia. El Código vigente viene de 1970 y muchos de sus apartes están desactualizados, otros son obsoletos y unos más regulan a una Colombia que ya no existe. Han sido varios los intentos de reforma sin éxito. De hecho, el articulado actual viene de una discusión de más de un lustro.

El desafío ahora es interpretar la realidad de una sociedad más urbana con nuevos comportamientos y tensiones. Por ejemplo, aparte de lo punitivo, el reto es aprender a vivir en sociedad. La ampliación va más allá de la semántica: detrás de la mayoría de las agresiones y buena parte de los homicidios se esconden la intolerancia ciudadana y la violencia.

"La expedición de un nuevo Código
de Policía, que sustituya al que viene de 1970, es importante para el desarrollo del país".

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Objetivamente, hay una realidad distinta. Los roces entre vecinos de una propiedad horizontal, por cuenta de las fiestas ruidosas, se contemplan. De tal manera, las autoridades podrán desactivar temporalmente la fuente de perturbación. Hay medidas que ayudarían a la Policía a clausurar ‘amanecederos’ ilegales en barrios residenciales, que hoy convierten la vida de los vecinos en un infierno. El texto incorpora temas como la disposición de las basuras y la tenencia de mascotas, incluso aquellas de razas peligrosas.

Otras preocupaciones no pasaban por la mente del colombiano hace 46 años, como sucede con las ambientales. El Código regula las quemas ilegales y las construcciones sin permiso en zonas de parques naturales. Igualmente, proveerá más herramientas para lucha contra la minería ilegal, máxima depredadora de los recursos naturales.

El hurto de celulares, un flagelo que afecta a miles de personas anualmente, es otra muestra de la necesidad urgente de actualización. Instrumentos renovados pueden ayudar a las autoridades de distintas maneras. Para dar un caso, obligar a quien venda teléfonos móviles a que tenga licencia expedida por el Gobierno y un operador es un paso necesario, como lo es el cierre de establecimientos en los cuales se pruebe que hay venta de equipos robados.

El debate parlamentario de la iniciativa no ha estado exento de polémica. Para algunos congresistas autorizar a los uniformados a entrar a las casas sin orden escrita, en ciertas situaciones de urgencia, rompe el principio de la inviolabilidad del domicilio. Otro asunto controvertido es el procedimiento de policía verbal, que abre la puerta a que se pueda trasladar a un infractor a un CAI y retenerlo hasta por seis horas. Las voces críticas encuentran en esta posibilidad una violación a las libertades civiles.

"El caos que surge de normas anticuadas engendra más ilegalidad en todos los espacios donde convivimos los colombianos".

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Tales argumentos serán, sin duda, analizados por la Corte Constitucional en su momento. Pero sin ignorar que para muchos colombianos la confianza en la Policía no es la más alta, la urgencia de actualizar las normas de convivencia es inocultable. Años de discusión, tres audiencias públicas, mesas de trabajo, subcomisiones en el Congreso y cientos de proposiciones parlamentarias han, indudablemente, mejorado un texto que amerita convertirse en Ley de la República. Esas alarmas sobre eventuales excesos ya han sido encendidas y debatidas abiertamente.

De tal manera, el peor escenario era quedarse con los brazos cruzados y perder otra vez la oportunidad de contar con un Código de Policía actualizado que responda a las demandas de la sociedad contemporánea. El caos que surge de normas anticuadas termina por engendrar más ilegalidad en nuestras ciudades, barrios, calles, campos, parques naturales, playas y demás espacios, donde convivimos los colombianos.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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