Ricardo Ávila

Lo que por agua viene...

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
febrero 10 de 2015
2015-02-10 04:17 a.m.
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Ha pasado cerca de un año desde cuando el banco estadounidense J. P. Morgan hizo un cambio que para muchos pasó inadvertido. Al revisar los papeles que integran una serie de vehículos de inversión construidos por la institución, en los que se mueven cientos de miles de millones de dólares, la entidad decidió aumentar de forma importante el peso de los bonos de deuda de Colombia.

La determinación fue interpretada en su momento como un voto de confianza hacia un país cuya economía venía dando muestras de solidez. Tanto el ritmo de crecimiento saludable como el buen manejo de las finanzas públicas, fueron algunos de los argumentos utilizados para decir que el dinero de muchos ahorradores importantes del planeta estaría más seguro aquí que en otras latitudes emergentes. De hecho, cuando hace poco las perspectivas de Rusia y Nigeria se deterioraron, volvimos a incrementar ligeramente nuestra ponderación en ese menú de opciones.

Los efectos prácticos de ese veredicto son imposibles de disimular. Según cifras de la Dirección General de Crédito Público del Ministerio de Hacienda, los fondos de capital extranjero poseían al cierre de enero pasado un total de 31,3 billones de pesos en títulos de tesorería, más conocidos como TES.

Semejante suma, que equivale al 16 por ciento del total de lo colocado en estos papeles (196,5 billones de pesos), representa un gran salto en comparación con los niveles de inicios del 2014. En enero de ese año, el monto en manos de los inversionistas foráneos ascendía a 11,2 billones, lo cual quiere decir que en 12 meses el salto ha superado los 20 billones de pesos.

Por cuenta de la realidad descrita, han tenido lugar varios efectos. El más notorio se vio en un primer momento cuando, debido a la avalancha de dólares que significó lo dicho por el J. P. Morgan, el peso se apreció frente al dólar, en momentos en los cuales en buena parte de América Latina estaba pasando lo contrario. Y más recientemente, la llegada de nuevos dineros (1,8 billones más frente al saldo de diciembre) ha ayudado a evitar que la devaluación se acelere, como lo demuestra la relativa estabilidad de la tasa de cambio en semanas recientes.

No obstante, puede ser que el viento se calme e incluso que cambie de dirección. El viernes pasado, un reporte del banco norteamericano señaló varias cosas. La primera es que los TES ya no están baratos, pues el espacio que había para que subieran de precio prácticamente terminó. La segunda es que la aceleración en la tasa de inflación, que al comenzar el 2015 avanzó más rápido de lo que proyectaban los analistas, puede ser un factor negativo en la valoración de los papeles colombianos.

De manera complementaria, la entidad señala que el entorno internacional está cambiando, sobre todo en Estados Unidos. Aunque las cosas no están claras aún, una eventual variación en las tasas de interés en esa nación, también golpearía a nuestros bonos.

En consecuencia, el J. P. Morgan cambió su recomendación de “comprar” a “neutral”. En términos prácticos, la revaluación quiere decir que el monto de inversiones de portafolio no debería aumentar mucho, pues la invitación para los que las han hecho es a quedarse quietos. Además, los más suspicaces afirman que este puede ser el paso previo al consejo de “vender”, aunque posiblemente eso sea hilar demasiado delgado.

Sin embargo, hay que tomar precauciones para evitar problemas, pues no se necesita ser un experto en el tema para darse cuenta de las consecuencias que tendría una reducción en el saldo de TES que tienen los fondos extranjeros. Debido a ello, no hay otra salida que mantener las cuentas públicas en orden y los ojos abiertos, a sabiendas de que lo que llegó de forma masiva también se puede ir a causa de factores que no siempre es posible controlar.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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