Ricardo Ávila
Editorial

Algo empieza a brillar

Cuatro proyectos que entran en su fase de desarrollo este año, elevarían la producción de oro en Colombia en 37 por ciento.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
enero 26 de 2017
2017-01-26 08:10 p.m.
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Que la minería formal en Colombia no las ha tenido todas consigo en los últimos años, es algo difícil de debatir. Son numerosos los proyectos enredados no solo por cuenta de requisitos como las licencias ambientales, sino por la propia oposición de sectores de la sociedad y las sentencias de las altas cortes.

Debido a ello, puede sonar sorpresiva la afirmación de que mejoran las perspectivas para las actividades extractivas, especialmente en oro. Cuatro emprendimientos en Antioquia serán los responsables de elevar en 37 por ciento la producción nacional del metal amarillo cuando entren plenamente en operación para el 2021: Buriticá, San Ramón, Cisneros y Gramalote.

A lo anterior se añade el balance de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), que el año pasado reportó un crecimiento en sus afiliadas. En carbón, segundo renglón de exportación después del petróleo, el aumento fue del 2,4 por ciento; en níquel, del 1,1 por ciento, y en oro,del 13 por ciento.

Las iniciativas en materia de explotación aurífera llaman la atención. La ilegalidad pulula, pues la ACM solo responde por el 12 por ciento del total de la producción nacional. Según un reciente informe de la Contraloría, cada año el país deja de recibir 6 billones de pesos en regalías por las extracciones ilícitas, para no hablar del costo del irreparable daño ecológico.

La economía y las regiones ricas en el metal amarillo son las que salen ganando de una minería formal y bien hecha.

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En un ambiente infestado por la criminalidad, la llegada de inversiones importantes reafirma el camino de la legalidad. Cada una de las firmas que están detrás de las minas citadas tuvo que sortear un riguroso y, en muchas ocasiones, lento procedimiento, bajo la estricta vigilancia de las autoridades ambientales y mineras.

El gran potencial de los proyectos antioqueños, que comienzan su fase de desarrollo en el 2017, es razón para el optimismo. Buriticá, de la canadiense Continental Gold, está en la primera línea. El complejo ya obtuvo una financiación por 250 millones de dólares para su construcción, y estima extraer entre 250.000 y 280.000 onzas del metal amarillo anualmente.

Gramalote, de AngloGold Ashanti, se encuentra en etapa de reasentamiento físico de pequeños mineros, y busca producir unas 350.000 onzas anuales. Los dos restantes, San Ramón, de Red Eagle Mining, y Cisneros, de Antioquia Gold, llegarían a 50.000 y 30.000 onzas anuales, respectivamente.

Lo anterior es una buena señal. Pero estas perspectivas positivas de reactivación no resuelven los retos de inseguridad, inestabilidad jurídica y de falta de competitividad que enfrentan las compañías que sacan carbón o quieren explotar el oro.

A Cerrejón, por ejemplo, un fallo judicial reciente le ordenó una nueva consulta previa con una comunidad, que implica atrasos y costos adicionales. En los municipios tolimenses de Cajamarca e Ibagué, sendas consultas populares sobre minería en esos territorios están en trámite. En materia de competitividad, un reporte de la firma Norton Rose Fulbright identifica la carga de impuestos y demás contribuciones al gobierno en Colombia como una de las altas a nivel internacional.

Para los sectores ambientalistas y un bloque no despreciable de ciudadanos, ponerle palos en la rueda a la minería constituye toda una victoria. Y aunque es legítimo que la sociedad se cuestione si debe permitir la actividad o no, vale la pena recordar que los enemigos están en otra parte. Las que depredan los recursos en 17 departamentos no son las empresas formales, que pagan impuestos y son auditadas por las autoridades, sino las organizaciones criminales que acaban con bosques y envenenan ríos.

Debido a ello, hay que insistir en que la economía y las regiones productoras de oro requieren más –y no menos– proyectos como los cuatro que arrancan este año: formales, vigilados, licenciados ambientalmente y generadores de empleo local. En otras palabras, una minería bien hecha.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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