Ricardo Ávila
Editorial

Más allá de los enunciados

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
junio 02 de 2016
2016-06-02 09:07 p.m.
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El martes pasado, el Ministerio de Educación presentó la que podría llegar a ser una de sus políticas bandera: la creación del Sistema Nacional de Educación Terciaria (Snet). Con esta política, la entidad busca mejorar el posicionamiento de la formación técnica y tecnológica en el país, para que sea considerada como una opción de aprendizaje que tenga igual categoría que la formación universitaria.

En la medida en que ello ocurra, se cree que un mayor número de estudiantes accedería a la misma. De esta manera, se promoverían dos rutas complementarias –universitaria y técnica y tecnológica– que son los pilares indispensables para que se desarrolle la enseñanza terciaria.

En Colombia, el número de estudiantes que asisten a una universidad duplica a la cantidad de matriculados en carreras técnicas y tecnológicas. Según cálculos realizados por el economista Eduardo Lora, con base en el Atlas de Complejidad Económica, la brecha entre la demanda de técnicos y tecnólogos y la oferta es del 46 por ciento. Esta es una realidad que va en contravía de lo que sucede en países como Alemania, donde, por cada profesional universitario, hay cinco técnicos y tecnólogos. Revertir la tendencia es una necesidad y sería un gran avance.

No obstante, es fundamental que el Snet se ocupe también de los otros dos problemas que aquejan a la educación terciaria: la pertinencia y la calidad. Estos son aspectos críticos que repercuten en las cifras de desempleo y productividad y en los cuales Colombia se encuentra notoriamente rezagada frente a las principales economías de la región.

Diferentes encuestas coinciden en que alrededor del 50 por ciento de los empresarios colombianos encuentra dificultades al momento de cubrir sus vacantes, debido a la ausencia de competencias genéricas o específicas de los aspirantes. Puesto de otra manera, lo que se enseña no es necesariamente lo que el mercado demanda.

En cuanto a la calidad, la situación también es preocupante. Solamente 12 por ciento de las instituciones de educación superior cuentan con acreditación de alta calidad, mientras que 8 por ciento de las instituciones tecnológicas tienen esa distinción, pero ninguna de las técnicas lo está.

El Ministerio es consciente de esta situación. Sin embargo, al decir de los conocedores del asunto, las estrategias que contiene el Snet para solucionar estas problemáticas no son suficientes ni claras.

El Marco Nacional de Cualificaciones, mediante el cual se espera definir las competencias para diferentes sectores económicos, puede ser la herramienta para resolver el problema de pertinencia. Pero, para que sea efectivo, debe trabajarse de la mano del sector productivo. Algo similar sucede con la calidad. Es necesario revisar y separar los procesos de acreditación de instituciones universitarias y de formación técnica, para diferenciarlos y adecuarlos a las necesidades de sus usuarios. Tarea esta, que igualmente debe realizarse con segmentos empresariales.

De hecho, según un estudio de la consultora McKinsey, los países en los que se ha logrado tener mayor éxito en materia de pertinencia y calidad de la educación, tienen en común el estrecho relacionamiento que se ha logrado construir entre las compañías de diferentes tamaños y la academia, incluso desde niveles tempranos de la vida educativa de los estudiantes tales como la básica superior y media.

En este sentido, si se quiere que el nuevo sistema cumpla con el cometido de formar la gente que desea Colombia para la transformación del aparato productivo, es necesario que vaya más allá de los enunciados y establezca de una vez la forma como se va a trabajar con diferentes áreas, y especialmente con las fabriles. Reformar el esquema vigente sin incluir claramente el papel que les corresponde a los empresarios –en el sentido de decir qué gente requieren–, dejaría la tarea a medio hacer.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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