Ricardo Ávila
Editorial

Entre desamores y odios

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
junio 20 de 2016
2016-06-20 09:23 p.m.
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La semana pasada terminó de manera oficial la temporada de elecciones primarias en la carrera por la Casa Blanca. Desde el primero de febrero, más de 56 millones de estadounidenses participaron en 50 jornadas electorales para escoger los candidatos de los partidos Demócrata y Republicano. Por el primero, Hillary Clinton resultó victoriosa, mientras que el segundo quedó en manos de Donald Trump. Ambos serán ungidos a finales de julio en sus respectivas convenciones en Filadelfia y Cleveland.

Hace un año, cuando las primeras precandidaturas se lanzaron, pocos analistas habrían apostado que la combinación Clinton-Trump protagonizaría la fase final de la elección presidencial. Por el lado de los republicanos, la aspiración del empresario de finca raíz fue vista como un chiste. Incluso el Huffington Post anunció que cubriría la campaña de Trump en su sección de entretenimiento. A punta de insultos, mensajes racistas e incendiarios, y un completo desdén por las reglas, el presentador de reality show dejó en el camino a competidores con muchísima más experiencia política: 3 gobernadores, 4 senadores y 6 exgobernadores.

En cuanto al Partido Demócrata, los analistas le apostaban a una rápida coronación de la aspirante que había cumplido la fila india: Hillary Clinton. Reconocida políticamente, y con su experiencia como senadora y secretaria de Estado, la exprimera dama tenía, en teoría, la nominación en su bolsillo. Pero la aspiración del senador socialista, Bernie Sanders, no solo la derrotó en una veintena de estados, sino que la forzó a mover su agenda a la izquierda.

Trump versus Clinton es una campaña sin antecedentes en la historia política de Estados Unidos. La primera mujer en ganar la nominación de su partido se enfrenta a un empresario outsider, que derrotó a la dirigencia conservadora y tomó control de las bases republicanas. Ambos líderes cuentan con estatus de celebridades y despiertan profundos amores y acérrimos odios. Según el portal Real Clear Politics, el promedio de imagen desfavorable de Hillary entre los estadounidenses es del 55,3 por ciento, mientras que el de Trump es del 61,1 por ciento.

Una contienda con aspirantes que sufren tan altos niveles de impopularidad es una fórmula para la guerra sucia y el ataque bajo. De hecho, las permanentes arremetidas racistas de Trump contra la población de origen latino y la minoría musulmana ya están generando disturbios y enfrentamientos en sus actos de campaña. Una serie de grandes corporaciones norteamericanas como Apple, Ford, Hewlett Packard y JP Morgan han anunciado que no patrocinarán la convención republicana de Cleveland, donde el candidato será ungido oficialmente.

La economía estuvo presente en las primarias y seguramente hará parte del pulso de la campaña que termina en las urnas en noviembre. La actual administración de Barack Obama tiene logros que mostrar, como el manejo de la crisis financiera del 2008 y la recesión que la acompañó, además de reformas ambiciosas como la del sistema de salud. Sin embargo, a Clinton, vista como la heredera del legado Obama, le ha tocado distanciarse de esa agenda y enfatizar en áreas como la inequidad o el alto costo de los préstamos estudiantiles, gracias al éxito de Sanders. Ese giro a la izquierda de Hillary la llevó a renegar de varias fórmulas económicas exitosas que su esposo, el expresidente Bill Clinton, implementó en los años noventa y que generaron dinamismo en Estados Unidos.

Si la agenda demócrata en materia económica se movió a la izquierda con más impuestos y subsidios, la de los republicanos abraza el populismo antiinmigrantes y antilibre comercio. Trump promueve una plataforma aislacionista con ataques a países como China, que está despertando incertidumbre en la economía global. En su afán por abanderar la rabia y las angustias de muchos trabajadores del sector manufacturero, el candidato prefiere agitar consignas que construir una propuesta económica coherente.

La campaña Clinton versus Trump ofrece desde ya espectáculo, melodrama y emoción. Lo preocupante es que ahí se está decidiendo el futuro político del país más poderoso del mundo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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