Ricardo Ávila
Editorial

Un partido muy difícil

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
junio 07 de 2016
2016-06-07 07:30 p.m.
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En ocasiones es fácil llegar a la conclusión de que la normalidad impera en el país. Ayer, la principal noticia de los noticieros de televisión y de los medios escritos y radiales era el partido que la Selección Colombia tenía programado jugar con su homóloga de Paraguay en el marco de la Copa América Centenario de fútbol que tiene lugar en Estados Unidos. En materia económica, el dólar volvió a ubicarse por debajo de los 3.000 pesos, mientras que los índices bursátiles subieron en más de medio punto porcentual, por cuenta del entusiasmo de los inversionistas.

No obstante, una mirada más detenida muestra que las luces de alerta empiezan a brillar con mayor intensidad que antes. Aparte de los desafíos usuales que ocupan la agenda de los gobernantes, el clima social amenaza con deteriorarse por cuenta de dos situaciones.

La primera, completa una semana y media de duración. Se trata del paro convocado por la Cumbre Agraria, un compendio de 13 organizaciones que ganó notoriedad en los últimos años y al cual la presente administración le dio un rol de interlocución importante, que se expresa en decenas de reuniones desde el 2013.

En su momento, y por cuenta de una movilización popular previa, el Ejecutivo se comprometió con puntos de los cuales, sostiene, ha cumplido con una proporción importante, incluyendo el giro de más de 100.000 millones de pesos con destino a proyectos productivos. Aun así, subsisten diferencias de fondo, pues si en los diálogos de La Habana el punto de partida es no cambiar el modelo económico vigente, en este caso las reivindicaciones son mucho más amplias y van desde la proscripción de los latifundios hasta el cuestionamiento de la presencia de la Fuerza Pública en diversos territorios.

Además, el componente político y de seguridad está presente. Sin ambages, el Ministerio de Defensa sostiene que el Ejército de Liberación Nacional viene metiendo la mano en las marchas que comenzaron a finales de mayo, con el fin de presionar el comienzo de los diálogos formales con esa organización guerrillera. Tales sindicaciones son rechazadas por las cabezas que lideran la Minga, que se ha hecho sentir en un puñado de departamentos y, especialmente, en el Cauca.

Sea como sea, los reportes dejan en claro que existe una profunda división al interior de la organización. Los acuerdos logrados en tres oportunidades distintas entre miembros del gabinete y los líderes del paro acabaron siendo desconocidos el fin de semana, ante lo cual las negociaciones se encuentran virtualmente suspendidas y todo apunta a que al Gobierno no le quedará otro camino que tratar de despejar los bloqueos que tienen aislado al sur del país.

Como en río revuelto siempre hay pescadores que tratan de obtener ganancias, ahora los camioneros asociados en la ACC comenzaron un cese de actividades que, por el momento, no se traduce en taponamientos de carreteras. Aquí también hay elucubraciones sobre los motivos reales de la protesta, pues las charlas de la semana pasada en el Ministerio de Transporte llevaron a un entendimiento, desconocido horas después.

Más allá de las justificaciones de uno y otro bando, el propio Juan Manuel Santos ha señalado que una cosa es ejercer el derecho a la protesta ciudadana y otro es acudir a las vías de hecho. Aparte de mantener abiertas las puertas del diálogo, la Casa de Nariño quiere enviar el mensaje de que sabrá responder a intimidaciones y desmanes, con el fin de preservar la movilidad y evitar la parálisis de los sectores productivos.

El problema es que no basta con las palabras. Tras haber dado marcha atrás en varias ocasiones, la percepción generalizada es que el Gobierno acaba cediendo. Si no lo va a hacer en esta ocasión, más vale que se amarre bien los pantalones y active los planes de contingencia, porque este partido que se viene va a ser largo y difícil. Mucho más que los de la Copa Centenario.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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