Ricardo Ávila
Editorial

Que prime la razón

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 17 de 2016
2016-04-17 07:00 p.m.
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Son pocos los colombianos que ignoran la controversia en torno a la licencia ambiental de exploración de hidrocarburos que la Anla le entregó a la firma Hupecol, en la zona de La Macarena, y la reacción del Ministerio del ramo que le solicitó a dicha autoridad la revocatoria del permiso concedido. Más allá de los argumentos expuestos de un lado y del otro, es indudable que el tema tuvo gran visibilidad por cuenta de las redes sociales y la posterior entrada en escena de los medios de comunicación.

Si algo quedó en claro, es que hay un sector de la ciudadanía que expone con vehemencia sus posiciones y les exige a las autoridades respuestas inmediatas. Esta especie de activismo tecnológico apenas empieza a ser entendida por los gobernantes, que ven cómo, en cuestión de horas, se crean avalanchas de opinión en las que es fácil manipular los sentimientos de la gente y a las cuales hay que contestar sobre la marcha.

Hoy por hoy, la mayoría de la población cree de buena fe que Caño Cristales iba a ser devastado y que en lugar de las aguas transparentes y las plantas multicolores de su lecho, por el cauce de esta maravilla natural iba a correr una mancha de petróleo. Con ese precedente, es previsible que cualquier futura licencia va a ser examinada o denunciada, ya sea en este sector o en los de minería, energía e infraestructura.

Aunque ese escrutinio es legítimo y la transparencia es lo que procede en estos casos, el riesgo es que la emoción prime sobre la razón. En un caso extremo ello podría paralizar la toma de decisiones difíciles, pues lo correcto no siempre es popular.

El peligro más evidente se cierne sobre la industria extractiva. Cada vez más colombianos son partidarios de proscribir la explotación de los recursos del subsuelo, afirmando que solamente crean problemas al deteriorar la calidad de vida de las comunidades, alimentar la corrupción y dañar la riqueza ecológica. Los más extremos señalan que estaríamos mejor sin ese sector.

No obstante, pocos hacen la cuenta de lo que significaría eliminar una actividad que aporta el 5 por ciento del Producto Interno Bruto y genera cientos de miles de empleos, directos e indirectos, aparte de cuatro billones de pesos de regalías anuales para los entes territoriales, sin contar lo que le entra al fisco en épocas de bonanza. Incluso, si la propuesta es dejar marchitar lo que hay, se minimiza el impacto de perder la autosuficiencia petrolera y sacrificar al primer renglón de las exportaciones.

En el ámbito local, también hay ejemplos equiparables. En Bogotá sigue candente la discusión sobre el futuro de la reserva Van der Hammen, una franja de terreno en el norte de la capital que fue creada con el propósito de contar con un cinturón verde en ese lado del altiplano. Parte de la impopularidad del alcalde Enrique Peñalosa está atada a su propuesta de intervenir el área, con el fin de permitir su urbanización, dejando un espacio importante para parques.

A primera vista, es fácil estar del lado de los ecologistas y señalar que no todo es ladrillo. El problema es que esa postura desconoce que en los próximos 40 años, el Distrito seguirá creciendo y exigirá la construcción de un número de viviendas similar al que tiene hoy, es decir unos 2,6 millones de unidades. Ante esa perspectiva, la opción es planear el desarrollo futuro de la metrópoli o dejar que las respuestas se improvisen, causando perjuicios incalculables e irreversibles.

En conclusión, lo que procede es hacer las cosas bien. El respeto por el medioambiente no equivale a cerrarle la puerta de plano a la explotación de los recursos, sino poner en práctica los principios del desarrollo sostenible. Este pasa por el fortalecimiento institucional, el único que les da confianza a los ciudadanos de que el interés común pasa por el particular. Y para ello, se requiere liderazgo, que implica a veces no hacer lo que piden las encuestas o las redes sociales.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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