Ricardo Ávila

Aniversario para reflexionar

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 22 de 2012
2012-08-22 12:45 a.m.
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En días pasados, se cumplió un año de vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Canadá.

El balance de los flujos comerciales ha generado críticas de algunos sectores sobre el impacto del acuerdo y lo que se puede esperar de otros similares que ha negociado el país.

Mientras las importaciones desde Canadá aumentaron alrededor de 30 por ciento en el primer semestre del año, las ventas colombianas a esa nación cayeron 15,9 por ciento en el mismo periodo.

Aunque el desequilibrio es evidente, conviene analizar las cifras con detalle antes de sacar conclusiones apresuradas acerca de los acuerdos comerciales que ha suscrito el país.

Lo primero que salta a la vista es que el comportamiento de las exportaciones de bienes básicos es distinto al de los productos elaborados. En el primer semestre, las ventas colombianas de productos de la minería y el café a Canadá cayeron alrededor de 20 por ciento, mientras las exportaciones no tradicionales a ese mercado aumentaron 6,7 por ciento.

Esa diferencia entre los productos básicos y los elaborados no es exclusiva de las ventas a Canadá, y tiene que ver con dos aspectos del comportamiento actual de las exportaciones totales del país.

El primero es el debilitamiento de los commodities en el mercado mundial. Con excepción de algunos bienes agrícolas, cuya oferta se ha restringido por cuestiones climáticas, la mayoría de las materias primas tienen hoy unos precios menores que los que registraban un año atrás, resultado del pobre crecimiento del mundo desarrollado y la desaceleración de la economía china.

Por eso, no es raro que en junio las exportaciones colombianas de productos agrícolas y agroindustriales a otras latitudes hayan caído 18 por ciento frente al mismo mes del año anterior, y que las ventas del petróleo y la minería se redujeran 3 por ciento.

El segundo rasgo que comparten las exportaciones a Canadá y al mercado mundial constituye una buena noticia sobre el aparato productivo colombiano: mientras las ventas de commodities se debilitan, las de productos no tradicionales logran sobreaguar.

Los datos del Dane muestran que en junio, las ventas externas de manufacturas colombianas al mundo aumentaron 4,8 por ciento frente a un año atrás.

Este desempeño de las exportaciones no tradicionales se debe, en gran parte, al dinamismo que conservan los mercados latinoamericanos, que son justamente aquellos con los que el país negoció los primeros TLC, hace ya varios años.

Que las ventas a Canadá estén registrando un comportamiento similar al de las exportaciones al planeta no quiere decir que el TLC con ese país sea inocuo para los empresarios nacionales. El principal logro de este acuerdo es simple, y consiste en que los productos colombianos tienen acceso preferencial en un mercado atractivo y dinámico.

Para facilitar su aprovechamiento, el empresariado ha contado con el apoyo de Proexport, que a finales del año pasado coordinó una rueda de negocios en Toronto que generó expectativas de negocios por 20 millones de dólares, y del Programa de Transformación Productiva del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, al cual pertenecen varios de los sectores que han logrado aumentar sus ventas a ese mercado.

A pesar de esos esfuerzos, está claro que la coyuntura plantea un desafío: Colombia es uno de los países menos exportadores de América Latina y cambiar esa realidad toma tiempo.

Mientras el Gobierno sigue avanzando en la apertura de nuevos mercados y en la búsqueda de la transformación de la base productiva nacional, los empresarios deben aceptar el reto de la internacionalización, animándose a exportar.

Aunque eso no se logra de la noche a la mañana y nos espera un periodo de transición exigente, es indudable que ese es el camino correcto para elevar la competitividad de la economía nacional.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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