Ricardo Ávila

Arranque prematuro

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 21 de 2013
2013-02-21 02:16 a.m.
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No es sino leer los periódicos, escuchar las declaraciones y ver los noticieros para sentir el ambiente de puja política. Con más de un año de anticipación, la Casa de Nariño y los partidos están enfilando sus baterías con miras a la competencia electoral.

Y el ruidoso surgimiento de la oposición, liderada por el expresidente Álvaro Uribe, le inyecta pugnacidad atractiva para analistas y medios de comunicación. ¿Qué explica tanto movimiento y tanta antelación? Los comicios del 2014 son, en cierta forma, atípicos.

Mientras que Uribe fue elegido en el 2002 por cuatro años, y en el camino cambió las reglas electorales, Santos ganó con la opción constitucional de un segundo mandato vigente. Ante esa realidad, sucede lo que se ve en otras latitudes.

En países con reelección presidencial como Estados Unidos o Brasil, gobernar un periodo es considerado un fracaso político. Bajo esa óptica, la presidencia de Colombia se convirtió, en la práctica, en un mandato de ocho años con un examen parcial en la mitad. Como se da por segura la presencia de Juan Manuel Santos en el tarjetón, sus potenciales contendores empiezan a golpearlo.

Por otra parte, está el ‘factor Uribe’. La declaratoria abierta de oposición del exmandatario contra el Gobierno sirvió de catalizador al proceso electoral. Los uribistas lanzaron movimiento, el Centro Democrático, reclutaron precandidatos y organizaron cuadros. Figuras con alto reconocimiento de la opinión pública como el exvicepresidente Francisco Santos o el exministro Óscar Iván Zuluaga recorren hoy el país como aspirantes ‘oficiales’ a ese estandarte, mientras que el mandatario juega con la posibilidad de encabezar una lista al Senado.

Aunque la Casa de Nariño tenga en la coalición de la Unidad Nacional un sólido frente centrista y la izquierda esté fragmentada, las críticas más duras al Ejecutivo provienen del flanco derecho. Otro aspecto acelerador del ambiente electoral es el proceso de paz. El desarrollo de las conversaciones con las Farc en La Habana no solo consolidó las críticas uribistas, sino que catapultó un acuerdo eventual como el principal punto en la agenda de Santos.

Para sus detractores y promotores, los diálogos en la isla son empleados como arma política y muchos vinculan sus avances con las posibilidades del Presidente de ser reelegido. Es ingenuo pensar que la suerte del proceso no vaya a afectar la suerte del jefe del Estado.

Por último, el mediocre desempeño de la administración actual en los sondeos, despierta todo tipo de cábalas y rumores en el mundo político. La tendencia a la baja de la favorabilidad presidencial y la evaluación ácida de la gestión ejecutiva no ha cambiado.

Además, los mensajes de Palacio llevan casi un año siendo erráticos o confusos, con lo cual el sello de la administración es difícil de identificar. No se sabe si este comprende a las víctimas, las reformas, la prosperidad económica o la apuesta de la paz. Y en materia de seguridad, la percepción ciudadana se viene deteriorando de manera peligrosa. Todo esto conspira contra una idea fundamental para el presidente en ejercicio en un proceso de reelección: la inevitabilidad de su victoria. Si bien, aún no hay un contendor capaz de asustar a la Casa de Nariño, las fallas en gestión, comunicaciones y mensaje político podrían crecer a cualquier aspirante.

Más allá de las razones detrás del prematuro ambiente electoral, una campaña en forma es un escenario complejo para el Gobierno. Tras el anuncio de que las reformas de salud y pensiones serían presentadas al Congreso, se avecina un complicado debate de ambas iniciativas, por cuenta de los legisladores que piensan en su suerte.

La misma reflexión es válida para la discusión pública sobre la paz y de reformas a las reglas electorales que las minorías anhelan. Por eso, mientras que a la oposición uribista le sirve convertir a Santos en un saco de boxeo, la Casa de Nariño debe concentrarse en lo importante: hacer bien su tarea.

RICARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co

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