Ricardo Ávila

Por un arreglo justo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 02 de 2012
2012-08-02 12:26 a.m.
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En los últimos días se ha calentado el ambiente en torno a la negociación que tiene Cerro Matoso sobre sus concesiones mineras ubicadas en los municipios de Montelíbano y Puerto Libertador, en el departamento de Córdoba.

La explotación, que incluye un complejo industrial en el cual se produce ferroníquel –un compuesto que sirve para la producción de acero inoxidable– cumple tres décadas de existencia en las cuales se ha consolidado como un importante proveedor a escala mundial.

A su favor, el proyecto tiene unas condiciones naturales importantes. No solo el yacimiento descubierto en 1940 era particularmente rico, sino que, su relativa cercanía a los puertos de la Costa Atlántica hace fácil su despacho.

Tales elementos fueron fundamentales para que la iniciativa cobrara vida de la mano de una subsidiaria de la multinacional Shell y el hoy desaparecido Instituto de Fomento Industrial, que fueron los socios originales que sacaron adelante la planta inaugurada en 1982.

Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde ese entonces.

Después de un comienzo difícil, debido a líos técnicos con el alto horno y problemas financieros derivados de los bajos precios del níquel, la situación del mercado cambió, con lo cual los balances se fortalecieron..

Durante buena parte de los años noventa, la compañía registró buenos resultados, y hacia comienzos del siglo tuvo una importante expansión que la llevó a su capacidad actual, cercana a las 50.000 toneladas anuales.

En medio de ese proceso, vino un cambio de dueño, con la consolidación de BHP Billiton –la empresa minera más grande del mundo– como único accionista.

Gracias al alza en las cotizaciones de los productos básicos –que llevaron el níquel a cerca de 24 dólares por libra–, la compañía tuvo excelentes resultados que hoy son menos buenos, debido a que los precios oscilan entre 7 y 8 dólares.

De manera paralela, y a medida que avanza la explotación del yacimiento, el contenido del mineral –o el tenor, como dicen los técnicos– ha disminuido cerca de un 2,8 por ciento por tonelada extraída al 2 por ciento.

Los modelos geológicos indican que en algo más de una década dicho indicador se ubicaría por debajo del 1,3 por ciento, momento en el cual la operación dejaría de ser rentable, si se mantienen tanto la estructura de costos como los precios similares a los actuales.

En consecuencia, desde hace un tiempo, Cerro Matoso ha venido desarrollando una nueva tecnología, que le permitiría seguir en negro aun si el tenor del mineral baja hasta el 1 por ciento.

El nombre del proceso se llama lixiviación en pila y equivale a una especie de lavado con químicos para que el material que llegue al horno tenga un contenido mucho más alto de níquel y así aumente la eficiencia energética de un proceso que se hace a base de gas y electricidad.

Pero, para seguir adelante, se necesita un escenario de tiempo largo que le sirva para recuperar una inversión que podría sumar cerca de mil millones de dólares.

Ese es el motivo de la solicitud de extender la concesión por 30 años más, hasta el 2042. Si bien por cuenta de los contratos firmados del 2001 se podría continuar con la explotación hasta el 2029, ese lapso no es suficiente para desarrollar el nuevo proceso.

Ante la petición hecha, han saltado a la palestra varios críticos que advierten que la Nación podría estar haciendo un mal negocio. En respuesta, el Ministerio de Minas ha dejado en claro que aspira a una regalía más alta que la actual, además de un pago de contado y un compromiso de expansión.

Las posiciones de uno y otro lado se desconocen, pero quienes saben de estos temas sostienen que las diferencias no son grandes.

Llegar a un arreglo que funcione para ambas partes y que pase el escrutinio de los entes de control es el escenario ideal.

En ese caso, se garantizaría la permanencia en el tiempo de una industria que genera 1.100 empleos directos y 1.500 más a través de contratistas, sin contar las regalías y los impuestos de renta cancelados. De lo contrario, el futuro de Cerro Matoso quedaría en entredicho, algo que no le convendría al país, ni a sus accionistas.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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