Ricardo Ávila

Aumenta la velocidad

El Emisor decidió mantener la rienda corta en un país que anda a buen ritmo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 02 de 2011
2011-05-02 02:06 a.m.
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Tal como lo habían anticipado la mayoría de los analistas, el Banco de la República decidió el viernes aumentar la tasa de interés que le cobra al sector financiero cuando le presta dinero, al 3,75 por ciento anual.

Ese reajuste, de un cuarto de punto, es el tercero de los últimos meses y señala la determinación de la autoridad monetaria de mantener la rienda corta en un país que está andando a buena marcha, pero que a veces amenaza con desbocarse.

El motivo de esa impresión es que la economía nacional está andando a un ritmo rápido, que ha superado de lejos las expectativas de hace unos meses. De hecho, los técnicos del Emisor reajustaron los pronósticos de crecimiento a un rango entre el 4 y el 6 por ciento, medio punto más de lo que pensaban al comenzar el año.

El Gobierno, por su parte, ha dicho que el alza en el Producto Interno Bruto debería ser del 5,5 por ciento en el 2011, una cifra cercana a la que se considera el tope de velocidad, antes de que el motor empiece a recalentarse.

Aunque es indudable que el nuevo embate del invierno afectará a ciertas regiones con dureza y crea dificultades logísticas graves como resultado de los derrumbes que impiden o dificultan el paso en decenas de carreteras, las experiencias recientes hacen pensar que ese impacto será temporal.

Sin desconocer el drama de los damnificados, la mayoría de la ciudadanía continúa su ritmo normal de vida, con lo cual la confianza se mantiene inalterada.

Esa buena impresión tanto del presente como del futuro, es la que explica el auge visto en la demanda interna. Por ejemplo, la cartera total del sistema financiero está creciendo a un ritmo cercano al 19 por ciento anual, pero la de consumo está por encima del 24 por ciento.

Debido a ello, las ventas de vehículos o electrodomésticos están disparadas, mientras que los precios de la finca raíz ya se encuentran muy cerca de los máximos históricos alcanzados a mediados del siglo pasado.

A lo anterior hay que agregar que las exportaciones colombianas van ‘volando’.

El alza en las cotizaciones de los productos básicos le genera importantes recursos al país, tanto por la mejora en la facturación de los despachos de petróleo, como de café, oro o ferroníquel.

Esa circunstancia fortalece las arcas públicas, pues los recaudos de impuestos al comercio exterior han subido en forma considerable.

También hay que tener en cuenta que la inversión privada ha vuelto a despegar, mientras que el ambicioso programa de gasto del Estado –alimentado por los planes de reconstrucción de vías, diques y edificaciones– es un factor adicional de impulso. Más allá de la lentitud en la ejecución, es indudable que las obras se harán en algún momento, lo cual permitirá que la máquina de la economía cuente con combustible suficiente para seguir avanzando.

La suma de tales factores, a los cuales hay que agregarle el comportamiento de la inversión extranjera, es la que fundamenta que las apuestas sobre el PIB sean mayores que antes.

Falta ver que semejante dinámica se traduzca en una reducción más decidida del desempleo, pero que es muy probable que así sea, como lo indican los datos a marzo.

En medio de ese panorama de entusiasmo, hay que recordar que no todos la están pasando igual de bien en la fiesta. Los exportadores de ciertos artículos han resultado muy golpeados por el precio del dólar y aspiraban a que el Banco de la República hiciera un esfuerzo mayor para detener su caída.

Aunque eso no pasó, es importante la decisión del Ministerio de Hacienda de constituir un fondo de 1.200 millones de dólares en el exterior y de no hacer más monetizaciones este año.

Falta ver la reacción del mercado ante el anuncio de que Colombia no se quedará de brazos cruzados frente a un fenómeno que es inconveniente y que hay que seguir combatiendo, para que el crecimiento de hoy no sea el preámbulo de problemas en el día de mañana.

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