Ricardo Ávila
Editorial

Bajo estricta observación

El desempleo en el mes de septiembre bajó y no subió, en contra de la visión de algunos, pero el mercado laboral no está despejado.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 31 de 2016
2016-10-31 09:00 p.m.
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Que la economía colombiana no pierde su capacidad de sorprender, es algo que funciona tanto para lo negativo como para lo positivo. Es en esta última categoría que se enmarcan los más recientes resultados de la gran encuesta integrada de hogares que elabora el Dane, y la cual sirve para tomarle el pulso a la situación del mercado laboral en Colombia.

En contra de las expectativas de los analistas, septiembre vino acompañado de un descenso de medio punto porcentual en el desempleo, en comparación con el mismo periodo del 2015. De acuerdo con el reporte oficial, dicho índice se ubicó en 8,5 por ciento a nivel nacional y en 9,2 por ciento en lo que atañe a las 13 ciudades y áreas metropolitanas más grandes.

El motivo de ese descenso es la combinación de varios factores. De un lado, la población ocupada en todo el país subió en 298.000 mil personas, hasta casi 22,4 millones de ciudadanos. De otro, la categoría de inactivos también aumentó en cerca del mismo número, lo cual quiere decir que la oferta de trabajadores se expandió menos de lo que se esperaba. Aun así, hay un avance que no es despreciable, sobre todo en momentos en los cuales la economía acusa claros síntomas de desaceleración.

Para los observadores, lo más destacable es que el comportamiento señalado aumenta las esperanzas de que la demanda interna no se vea afectada de forma irreparable.

Llama la atención que en 19 de las 23 capitales de mayor tamaño, el índice de desocupación creció en el último trimestre

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En la medida en que los hogares mantengan su capacidad de adquirir bienes, siempre se puede esperar un repunte en el consumo, que serviría para darle impulso a un círculo virtuoso. Para que ello suceda, sin embargo, tendrían que desaparecer elementos que impulsan la incertidumbre, como es el caso del rumbo del proceso de paz o la reforma tributaria que apenas empieza su recorrido por el Congreso, lo cuales han afectado el optimismo de la opinión.

En el intermedio, es posible señalar que el parte entregado ayuda a que el balance del tercer trimestre no sea tan negativo, pues las cosas comenzaron con el pie izquierdo por cuenta del paro de transportadores que alteró la marcha de múltiples actividades en julio. Por ahora, la impresión es que lo que pudo haberse convertido en un deterioro significativo en el desempleo, acabó siendo un tropezón que, igualmente, no puede pasar desapercibido.

Y es que hay señales que, en cualquier caso, son inquietantes. Cuando se mira el promedio móvil trimestral de las 23 capitales de mayor tamaño, salta a la vista que solo se presentó un descenso en los índices de desocupación en cuatro de ellas, mientras que en las otras 19 el deterioro es evidente.

Hay ejemplos que deberían dar para encender las alarmas. En Valledupar, el desempleo saltó del 8 al 13 por ciento entre un año y otro, en tanto que en las ciudades de la Costa Atlántica las cosas van menos bien que antes, con la notoria excepción de Barranquilla. Por otra parte, Bogotá no ha conseguido que sus números bajen, aunque ya comenzó a generar aumentos netos en las plazas de trabajo. Y al tiempo que Medellín da un paso atrás, Cali prosigue con una seguidilla de avances que la tienen cada vez más cerca del promedio de las zonas urbanas. Quibdó y Cúcuta, a su vez, muestran los peores datos de todos.

Lo sucedido hasta ahora sugiere que las regiones se comportan de forma distinta a los vientos que hoy soplan. La mejora en las actividades agropecuarias se nota en el campo, pero el impacto de la crisis en la minería y el petróleo deja miles de damnificados en diversas zonas. A su vez, la construcción ayuda, aunque con menos fortaleza de la que se había calculado inicialmente.

Por tal razón, hay motivos para recibir el informe del Dane con satisfacción, ya que aleja el fantasma de un apretón mayor. Aun así, el mensaje es que seguimos bajo observación, pues, a pesar de que los males del mercado laboral no han empeorado, tampoco es posible dar al paciente de alta.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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