Ricardo Ávila

Lo barato sale caro

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 03 de 2013
2013-12-03 01:25 a.m.
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Las medidas tomadas por Nicolás Maduro tuvieron expresión práctica en la frontera entre Colombia y Venezuela.

Y es que el endurecimiento del régimen bolivariano frente al sector privado, con el fin de profundizar el modelo socialista que inspira al inquilino del Palacio de Miraflores, han servido para disparar el cambio paralelo que supera ya la barrera de los 60 bolívares por dólar, casi diez veces la tasa oficial.

Además, la Gobernación del Estado Táchira, inspirada en Caracas, quiso poner de su parte para contener la avalancha de productos que –como consecuencia del desbarajuste en los precios relativos de las monedas– se ha vuelto incontenible.

Un decreto fija una serie de condiciones para la adquisición de ciertos bienes, con el fin de que estos sean disfrutados solo por los residentes en el país vecino.

El problema es que este tipo de decisiones administrativas funciona poco en la práctica.

Aparte de crearle nuevas incomodidades a quienes actúan de buena fe y ahora deben acercarse a un almacén con el último recibo de pago de un servicio público, una constancia que diga dónde viven y el original del registro fiscal, lo más seguro es que la llegada irregular a tierras colombianas de todo tipo de productos continúe. Así lo atestiguan las incautaciones de alimentos, que se mantienen al alza.

Sin embargo, ningún tema se ha vuelto tan complejo de resolver como el de los combustibles.

La razón es que el margen entre uno y otro país es tan amplio que, según quienes saben, no existe actividad ilegal alguna que deje ganancias tan descomunales como esta.

Por cuenta de esa situación, es fácil financiar bandas criminales, sobornar a las autoridades y establecer redes de distribución informales que llegan incluso hasta el centro del país.

Los precios hablan por sí solos.

Al cambio paralelo de ayer, un galón de gasolina corriente vale en Venezuela el equivalente de 121 pesos, mientras que el de súper llega a los 194 y el de diésel a apenas 63 pesos. Puesto de otra manera, y dependiendo de la referencia que se quiera, la diferencia puede ser de hasta más de una centésima parte, frente a lo que pagan los motoristas aquí.

Es verdad que existen estaciones de servicio para los usuarios ‘internacionales’, en donde el combustible sube a los 770 pesos, pero los grandes convoyes que traen el carburante del lado venezolano no se nutren de esa fuente.

De hecho, el objetivo es minimizar el costo para maximizar la ganancia de las llamadas ‘caravanas de la muerte’, en las que ocasionalmente fallece incinerado un conductor por transportar líquidos inflamables en vehículos que no respetan las debidas condiciones de seguridad.

Teniendo en cuenta que desde hace años Venezuela registra uno de los precios de gasolina más bajos del mundo, el problema del contrabando no es nuevo. Según los cálculos de la Asociación Colombiana del Petróleo, este llegó a 214 millones de galones en el 2005, una cifra equivalente al 8 por ciento del consumo en Colombia y desde entonces ha oscilado entre 163 y 230 millones, dependiendo de las medidas restrictivas que se tomen o de la política para abastecer puntos en la frontera, como resultado de acuerdos entre los dos gobiernos.

Sin embargo, conocedores del sector sostienen que el ritmo actual está en más de 20 millones mensuales, un dato sin precedentes. El motivo es que la brecha de precios es cada vez más notoria, con lo cual el aliciente es todavía más grande que antes.

Ante esa situación, las finanzas públicas se han resentido.

El director de la Dian reveló que el recaudo por impuestos a los combustibles muestra una caída del 16 por ciento en lo que va del año, a pesar del continuo aumento del parque automotor.

Pero ese es apenas uno de los muchos perjuicios que le quedan a Colombia por cuenta de un tráfico en el que bien se aplica ese refrán que afirma que ‘lo barato, sale caro’.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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