Ricardo Ávila

Con broche de oro

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 23 de 2011
2011-12-23 12:47 a.m.
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Fue una especie de regalo de Navidad anticipado para quienes insistían que el país marcha mejor de lo que muchos creen.

Y es que nadie, ni siquiera los más optimistas, esperaban que la economía colombiana tuviera un desempeño tan bueno en el tercer trimestre del año, como el reportado por el Dane en el día de ayer.

Las comparaciones, aun si son odiosas, no mienten. La tasa de crecimiento del 7,7 por ciento en el Producto Interno Bruto no sólo es la mejor desde el 2006, sino que tiene lugar en momentos en que en el resto del mundo hay claros síntomas de desaceleración.

Además, la noticia se supo un día después de que la Cepal recortara a la baja sus pronósticos sobre el paso de América Latina, lo que hace más evidente el contraste entre la realidad local y la externa.

¿A qué se debe ese desempeño?

Para decirlo en pocas palabras, lo sucedido es el resultado de que los motores que venían bien mantuvieron su marcha, mientras que los que estaban a bajas revoluciones arrancaron.

De tal manera, al tiempo que la explotación de minas y canteras tuvo un alza del 18,4 por ciento gracias a la mayor extracción de petróleo y carbón, la construcción dejó atrás los números en rojo del primer semestre.

Tanto el ramo de las edificaciones como el de las obras civiles anduvieron bien, lo que se tradujo en un importante repunte del 18,1 por ciento en el sector.

Por su parte, el transporte siguió con buena velocidad de crucero al llegar a un avance del 8,5 por ciento, debido a la mayor carga terrestre acarreada o al aumento en el tráfico aéreo de personas.

El sector financiero, a su vez, mejoró su comportamiento con un 6,6 por ciento, ante el mayor apetito por el crédito. Esto sin que los indicadores de cartera de dudoso recaudo empeoraran.

Como era de esperarse, la situación del comercio se mantuvo bien con 6,4 por ciento, mientras que la industria logró un segundo aire al cabo de varios meses mediocres y llegó al 5,2 por ciento. Incluso las actividades agropecuarias sorprendieron con 3,8 por ciento, pues los cultivos temporales lograron compensar la disminución del 3 por ciento en el café, afectado por los patrones climáticos.

Todo lo anterior permitió que en la medición del tercer trimestre no existieran las cifras en rojo, ya que cada una de las áreas analizadas tuvo saldos claramente positivos.

Lo sucedido refleja además que hay fortalezas que es necesario tener en cuenta. En particular, salta a la vista lo sucedido en el consumo de los hogares que tuvo un salto del 7,3 por ciento.

Quienes saben de estos temas sostienen que la baja en la tasa de desempleo –que comprende un crecimiento de 1,5 millones de personas en la población ocupada– tiene mucho que ver en ello. Así mismo, la formación de capital fijo se elevó en 20,1 por ciento, que es uno de los mejores desempeños a nivel latinoamericano.

Por cuenta de lo ocurrido en los frentes mencionados, el PIB hasta septiembre subió en 5,8 por ciento y ya no parecen descabelladas las predicciones de quienes sostienen que existe una alta posibilidad de superar la meta oficial del 5,5 por ciento, fijada para el 2011.

El motivo es que a pesar de la ola invernal no hay señales que apunten a un frenazo importante, si bien ciertas actividades muestran alguna moderación. Además, es de esperar que el consumo del sector público –que sigue rezagado ante los problemas en la ejecución del gasto– empiece a despertar más temprano que tarde.

Así las cosas, el optimismo frente al futuro cercano sigue. A comienzos de la semana el Ministerio de Hacienda habló de una tasa de crecimiento del 4,5 por ciento en el 2012, que suena razonable si los europeos logran manejar su crisis en forma aceptable.

Un desempeño de ese tenor volvería a dejar a Colombia por encima del promedio regional y permitiría que los logros alcanzados en un año que cierra con broche de oro se consoliden.

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