Ricardo Ávila

Un buen primer tiempo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
agosto 03 de 2012
2012-08-03 01:52 a.m.
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Una de las tácticas que usan los políticos en tiempos de campaña electoral es la de preguntarle a la gente si se encuentra en mejor o peor condición desde cuando el gobernante de turno inició su mandato.

Un interrogante similar se le podría plantear a la economía colombiana, ahora que Juan Manuel Santos se acerca a la mitad de su periodo presidencial.

La respuesta, bajo distintos parámetros, debería ser afirmativa. Los principales indicadores muestran que el país de hoy es más saludable, económicamente hablando, que el de agosto del 2010.

No solo el Producto Interno Bruto ha crecido de forma sucesiva en los últimos ocho trimestres, sino que la inflación se mantiene bajo control en cercanías del 3 por ciento, al tiempo que el desempleo bajó al 10 por ciento en junio, la tasa más baja para ese mes en lo que va del siglo.

Gracias a la combinación de los factores mencionados, la pobreza, que en el 2002 cobijaba a la mitad de la población, hoy en día cubre a un poco más de la tercera parte.

Incluso el índice de desigualdad del ingreso, que es uno de los peores del mundo, mostró un cambio de tendencia significativo el año pasado.

Pero, quizás, el cambio más inesperado ha tenido lugar en el terreno fiscal. De la mano de un importante aumento en los recaudos tributarios, el déficit público ha caído a cerca de una tercera parte, a pesar del impacto de la reciente ola invernal.

Mientras en el mundo los saldos en rojo son la constante, en el caso colombiano se tiende hacia el equilibrio.

Según el Ministerio de Hacienda, de un faltante que estuvo proyectado en 19,3 billones en el 2010, se va a pasar a uno de 8,3 billones este año, lo cual es una disminución significativa.

Esa es la razón principal para que el país haya recuperado el anhelado grado de inversión en sus papeles de deuda externa.

Como si lo anterior fuera poco, el gasto gubernamental ha tenido una tendencia creciente.

Debido a ello, áreas clave como educación, salud o infraestructura han recibido asignaciones sin precedentes.

Puesto de otra manera, se ha logrado el doble objetivo de aumentar los programas estatales, sin que las cuentas se descuadren, algo que parece imposible en otras latitudes.

Tales elementos confluyen para que el atractivo del país haya aumentado a los ojos del mundo.

El margen de riesgo de los bonos públicos se encuentra en niveles históricamente bajos, a pesar de las inquietudes que hay en torno a la suerte de Europa.

Al mismo tiempo, la inversión extranjera sigue vigorosa, pues tras el récord de 13.234 millones de dólares recibidos en el 2011, todo apunta a una suma cercana a los 15.000 millones este año.

Si todo está tan bien, ¿por qué el Gobierno recibe tan pobres notas en materia económica, según las encuestas?

Los analistas responden que hay un deterioro general en la opinión sobre la situación del país, influenciado por los escándalos de corrupción, los ataques guerrilleros en aumento y la falta de efectividad de un Gobierno que ha sido lento a la hora de ejecutar.

Adicionalmente, el deterioro del sector salud -que incluye el cierre de hospitales y un peor servicio- ha golpeado la imagen del Ejecutivo. También lo ha hecho el pobre avance de las obras de infraestructura, al igual que el mayor número de protestas sociales entre sectores de la población que demandan mayor atención a sus problemas. No menos importante es el cambio en el régimen de regalías, el cual limitó a las regiones productoras, sin que las que ahora tienen derecho hayan recibido los dineros prometidos.

De tal manera, para utilizar la figura, hoy se reparte menos mermelada que antes.

Buena parte de esos inconvenientes son reversables, si se toman acciones efectivas.

Por eso, el desafío del Gobierno, ahora que comienza el segundo tiempo, es aplicar los remedios debidos y pasar de las palabras a los hechos.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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