Ricardo Ávila

Campo para volar

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
octubre 18 de 2012
2012-10-18 01:23 a.m.
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Ayer en la noche abundaban las caras de satisfacción durante los actos de inauguración de las instalaciones del terminal 2 del aeropuerto El Dorado.

No era para menos. Una obra anhelada desde hace años por los bogotanos y los colombianos, en general, quedó lista para entrar en servicio, lo cual ocurrirá gradualmente en los días que vienen.

El cambio para los viajeros internacionales será abismal.

Del edificio viejo y estrecho que tenía medio siglo largo de vida, los pasajeros llegarán a uno amplio, dotado de la más moderna tecnología y las comodidades de todo tipo.

Si antes el arribo coincidía con el estereotipo del desorden latinoamericano –filas interminables para pasar la inmigración, reclamar el equipaje y moverse dentro de la aglomeración y el desorden–, ahora la experiencia se podrá asociar con la que se tiene en naciones de mayor progreso.

Pero una vez pasado el asombro inicial, vale la pena recordar que el trabajo no está completo.

Para comenzar, viene otra etapa difícil que exigirá sacrificios, por cuenta de la demolición de las instalaciones de siempre, que serán reemplazadas por otra área para vuelos nacionales, la cual será conocida como T1.

La meta es que dicha parte esté lista en el 2014, algo que parece totalmente factible, dada la experiencia acumulada por la firma Opaín en la etapa primera.

Así se completarán 173.000 metros cuadrados construidos, tres veces lo que venía siendo usado hasta ayer.

Mientras eso ocurre, tendrá lugar la edificación de la nueva torre de control y la adquisición de equipos que permitirán que el aeropuerto incremente su capacidad hasta 90 operaciones por hora. Dicho contrato –cuestionado por el senador Juan Manuel Galán y defendido por la Aeronáutica Civil– deberá ser objeto de escrutinio, pero su propósito es válido en el sentido de ampliar el número de despegues y aterrizajes a niveles acordes con los internacionales.

No obstante, el verdadero desafío va mucho más allá de hacer la infraestructura.

El esfuerzo de modernización tiene que incluir los procedimientos que hoy rigen sobre los controladores aéreos, tras la traumática experiencia que dejaron los incidentes laborales de tiempos recientes.

La capacitación y la política adecuada de recursos humanos son fundamentales para asegurar la calidad en la prestación de un servicio que registra un crecimiento notable.

Más importante todavía es una labor de planeación que debe medirse en décadas y no años.

De tal manera, la actual administración, en asocio con la Cámara de Comercio de Bogotá, debería impulsar otro estudio que examine lo que se debe hacer para que El Dorado sea competitivo, por lo menos hasta mediados del siglo.

Semejante ejercicio tiene que comprender no solo lo que debe hacerse para manejar 50 millones o más de pasajeros al año –algo más del doble de la cifra actual–, sino también un volumen de carga muy superior.

Dada su condición geográfica, la capital debe entender que una de sus pocas ventajas competitivas es la de contar con un aeropuerto que funcione bien y se encuentre a una distancia corta de sus usuarios dentro de la ciudad.

El ejercicio tiene que incluir el tema de los vuelos no comerciales y la presencia de la Fuerza Aérea, que posee una importante base aledaña. También es clave proteger los terrenos que serán necesarios para nuevas ampliaciones, tras el costoso error que en su momento significaron las invasiones de lotes, cuyos habitantes hoy limitan la plena operación de la segunda pista.

Desarrollar un escenario con visión de largo plazo y que incluya hitos de mediano término no solo es factible, sino indispensable. Tras más de medio siglo de existir, El Dorado empieza otra era. Ahora de lo que se trata es de que ese nuevo comienzo sea el motivo para que la economía de la ciudad y del país se beneficien de un aeropuerto que tiene todo el campo para volar más alto.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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