Ricardo Ávila

La otra cara de lo público

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 02 de 2014
2014-10-02 04:07 a.m.
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Cada vez que se presenta un relevo en la Alcaldía de Bogotá, se reabre un debate acerca de la conveniencia de privatizar o no la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB). Existen argumentos de todo tipo tanto a favor como en contra de esta medida. Tal vez el más sonado entre las decenas de analistas que han propuesto la enajenación de la telefónica distrital –que cumple 130 años– es el de la incapacidad del Gobierno bogotano de mantener los ritmos de inversión, la velocidad de ejecución y permanente reinvención organizacional que demanda una compañía que pretenda sobrevivir en el tan competido y dinámico mercado de las telecomunicaciones.

Pues bien, aquellos que creían que la entidad terminaría opacándose bajo el discreto desempeño de la actual administración, tal como lo presagiaba la fuerte caída en el precio de la acción ante la llegada o la ratificación del alcalde Petro, han acabado sorprendiéndose ante la nueva realidad de la ETB.

Normalmente, la extinción de una empresa tecnológica suele darse por el rezago en sus productos, mientras que aquellas que logran ofrecer nuevas alternativas con atributos diferenciales de manera temprana son las que pueden disfrutar de incrementos en sus participaciones de mercado.

En el mundo de las telco, las innovaciones en producto son complejas, generalmente asociadas a la entrada de nuevas características en los servicios existentes. En este sentido, la apuesta reciente de la ETB de pasar de una red de cobre a una de fibra óptica es, aunque arriesgada, audaz.

La empresa le apuesta a ofrecer velocidades que pueden superar en cientos de veces la oferta soportada en cobre, para lo cual ha desplegado un complejo y costoso proyecto tecnológico que ya ha sido merecedor de premios internacionales y locales. La nueva velocidad en Internet permitiría que los servicios de voz y televisión fueran prestados por esta vía, y ya no de manera satelital o por cable.

Dicha decisión, que le costó la no repartición de dividendos y una importante emisión de bonos para financiarse, es un desafío a los demás competidores del mercado, que poco a poco han ido ajustando sus ofertas a mayores velocidades, con ventajas para los consumidores, que ahora reciben mayores beneficios por los mismos precios. Es la virtud de la competencia.

A lo anterior se suma el espectro obtenido en la subasta de 4G, que le permite prestar servicios de voz móvil. La próxima semana será el lanzamiento de ETB como un nuevo operador de telecomunicaciones, lo que ayudará a que los usuarios tengan más alternativas para escoger y puedan ser más exigentes con sus proveedores de servicios móviles.

El debate sobre la conveniencia de las empresas públicas en una economía es complejo, cargado de todo tipo de consideraciones de corte ideológico. Hay quienes creen que este tipo de entidades son, por defecto, ineficientes o incapaces de innovar. Sin que lo que haya pasado en la ETB constituya una profunda transformación empresarial, y aunque siguen existiendo dudas sobre la capacidad de la compañía para rentabilizar tan monumentales inversiones en un momento en el que el precio medio de los servicios cae a pasos agigantados, lo cierto es que la innovación de producto en esta organización hace pensar que, en términos de las empresas públicas no, todo está dicho.

Ojalá las inversiones de la ETB y las que se impulsen en los demás competidores, ayuden a que los costos medios de la tecnología en el país se reduzcan, para permitirle a Colombia seguir avanzando en el cierre de su rezago en esta materia y en el de competitividad. Esperemos que se le muestre al país, en últimas, la otra cara de las entidades públicas, que con excepciones como EPM o Ecopetrol, nos traen tan mal recuerdo a los colombianos.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 


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