Ricardo Ávila

Una carrera sin ánimo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
abril 22 de 2014
2014-04-22 02:07 a.m.
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A un mes escaso de la cita que tienen los colombianos con las urnas el 25 de mayo, el país sigue sufriendo de una especie de letargo que confunde a los observadores.

En contraste con la norma de épocas pasadas, según la cual la recta final de las elecciones presidenciales coincidía con un elevado interés de la ciudadanía, en la presente ocasión la apatía es la norma y no la excepción.

Lo anterior no desconoce el hecho de que los diferentes candidatos han intensificado el ritmo de sus giras por el territorio nacional.

En forma paralela, la publicidad es cada vez más notoria en los medios de comunicación o en las calles.

No obstante, las encuestas disponibles señalan que el voto en blanco continúa atrapando una buena parte de las preferencias, en lo que parece ser un síntoma de que no hay liderazgos claros.

Es verdad que los sondeos establecen un rango de favoritos, pero la zona gris es tan amplia que incluso los seguidores de Juan Manuel Santos –que aparece como líder con miras a la primera vuelta– no dejan de tener el ceño fruncido.

El motivo es que el volumen de indecisos no solo es muy elevado, sino que incluso está en duda su propia participación en los comicios, ante lo cual no hay buen cálculo que valga.

En respuesta, los contendores del mandatario han tenido dificultades para establecer la agenda de la campaña. Quizás la principal razón es que más allá de las diferentes personalidades en contienda, las distancias entre los planteamientos de unos y otros es escasa.

Así pasa con las conversaciones de paz, que constituyen la bandera más significativa de Santos.

Sin desconocer las críticas que se han levantado en torno a la lentitud del proceso o a ciertos actos atroces de las Farc, nadie ha anunciado un rompimiento, seguramente porque es claro que la opinión ve con buenos ojos el diálogo, así se muestre escéptica frente a sus resultados.

Y si eso ocurre con el asunto más complejo de todos, trazar fronteras en los demás puntos es aún más difícil. Por ejemplo, a la hora de hablar de educación, todos los candidatos coinciden en que es necesario aunar esfuerzos para mejorar la calidad de la enseñanza, llegando a concordar en la necesidad de adoptar la jornada única escolar. Tampoco son muy grandes las diferencias en lo que respecta a la reforma a la justicia, la lucha contra la pobreza o la necesidad de hacer más en cuanto a la seguridad ciudadana.

En materia económica, puede hacer discrepancias sobre ajustar aquí y allá alguno de los tratados de libre comercio ya firmados, pero nadie habla de cerrar las fronteras para que dejen de llegar los productos importados. En cambio, se enfatiza en que lo ideal es promover una base productiva diversificada, algo sobre lo cual es fácil establecer un consenso.

Aun en temas espinosos, parecería existir un pacto tácito con el fin de no mencionarlos. Ese es el caso de la reforma tributaria que tendrá que encarar quien se ponga la banda tricolor el próximo 7 de agosto y que no bastará con prorrogar el impuesto al patrimonio o extender la vigencia del gravamen a las transacciones financieras, más conocido como el cuatro por mil.

Seguramente porque a nadie le gusta hablar de más cargas fiscales, los detalles sobre un paquete que promete ser inescapable, brillan por su ausencia entre los aspirantes a la Presidencia.

Cómo traer nuevos temas a la mesa de discusión es algo que debe preocupar a los contendores de Santos, con el fin de ganarle la partida a la indiferencia y, por supuesto, pasar a la segunda vuelta. Por su parte, el actual mandatario también debería inquietarse porque la carrera sea mucho más animada, pues así esté de primero no le conviene que haya tan pocos espectadores.

De lo contrario, la legitimidad que se obtiene con una buena participación en las urnas se verá afectada y eso es algo que no le sirve a quien gane, como tampoco a las propias instituciones.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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