Ricardo Ávila

Cartas en el asunto

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 27 de 2011
2011-07-27 01:19 a.m.
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“Nosotros hemos hecho una política relativamente efectiva en detener una mayor apreciación de la tasa de cambio”. Esas palabras, pronunciadas ayer por Juan Manuel Santos durante la inauguración de la Feria Colombiamoda, no fueron compartidas por muchos de los presentes en el auditorio.

La razón es que la apreciación del dólar ha vuelto a formar parte de las preocupaciones de los industriales que ven cómo la moneda norteamericana ha retornado al camino descendente.

Ayer, sin ir más lejos, cerró por debajo de los 1.760 pesos, con lo cual la revaluación en lo corrido del 2011 asciende al 8,1 por ciento, que equivale a una tasa anualizada del 13,7.

Ante esa situación, es fácil entender por qué la dinámica manufacturera es muy inferior a la de las importaciones.

De hecho, según la medición más reciente hecha por el Dane, apenas 29 de los 48 subsectores industriales muestran una evolución positiva, a pesar de que el ritmo general de la economía es veloz y recuerda las épocas de auge del 2007.

Las explicaciones con respecto al embate más reciente del oleaje abundan. Para comenzar, el panorama internacional es confuso por la situación en Europa y Estados Unidos. De un lado, en el Viejo Continente sigue el nerviosismo a pesar de la aprobación de nuevo paquete de ayuda a Grecia. Del otro, la falta de acuerdo entre demócratas y republicanos en Washington, con respecto a elevar el techo de la deuda pública, abre la posibilidad de una moratoria por parte de la economía más grande del mundo.

Debido a esa situación, los inversionistas han buscado refugio en el oro y el franco suizo, pero también en las monedas de las economías que van mejor, como algunas de América Latina. La consecuencia, así suene a consuelo de tontos, es que el problema de la revaluación es generalizado en toda la región.

Aparte de ese factor hay cambios fundamentales que impactan.

Uno de ellos es el de los ingresos por inversión extranjera directa en Colombia, cuyo acumulado, con corte al 8 de julio, llegó a 7.812 millones de dólares. Dicha cifra, explicada por el desarrollo de nuevos proyectos en las áreas de hidrocarburos y minería, representa un incremento del 64 por ciento con respecto a la del 2010, lo que hace pensar en un nuevo récord histórico al cierre del año.

Ante esa realidad, las autoridades han tratado de contener la avalancha. En el caso del Banco de la República, la entidad mantiene un programa de compra de 20 millones de dólares diarios que, para sus defensores, ha probado ser efectivo.

Desde el 15 de septiembre pasado, cuando este empezó a operar, la apreciación del peso ha sido equivalente a la del sol peruano, pero es una cuarta parte de la del real brasileño y una tercera de la del peso chileno.

No obstante, las evidencias sobre un fenómeno de desindustrialización y los síntomas de la conocida enfermedad holandesa hacen pensar que es necesario hacer más. Por ejemplo, Santos propuso que el pago de 3.763 millones de dólares que hará el Grupo Sura por la compra de los activos de ING en la región, sea el resultado de la consecución de fondos locales en pesos.

Pero más allá de esas recetas puntuales, los conocedores señalan que hay un par de temas sobre los que se debe actuar.

Uno es el inquietante crecimiento del endeudamiento privado en dólares, que puede convertirse en un dolor de cabeza mayúsculo si los precios de los productos primarios que exporta el país caen abruptamente. Otro es la presencia de capitales especulativos que quieren aprovechar el menor riesgo y la mayor rentabilidad que ofrecen ciertas inversiones en pesos.

Si bien los expertos saben que los controles operan en forma temporal, aun por prudencia el Gobierno debería tomar cartas en el asunto mientras modera un poco el gasto público. Y es que este es uno de los culpables de un mal que es, a todas luces, indeseable.

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