Ricardo Ávila

Un caso que hay que mirar

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 15 de 2011
2011-12-15 01:05 a.m.
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Hace pocos días, y tras menos de cinco meses de haber comenzado su periodo, el presidente peruano Ollanta Humala decidió darle un cambio radical a su gabinete.

De un plumazo, el mandatario renovó a los titulares de 11 de 19 carteras, incluyendo al primer ministro, Salomón Lerner, quien fue reemplazado por Óscar Valdés, un militar retirado.

Desde entonces, el clima político se ha tensado, ante la expectativa de que un gobierno que era considerado de izquierda, dé un giro hacia la derecha.

Aunque temprano, el revolcón probablemente no merecería comentarios, de no ser porque la causa principal de lo sucedido fue la agitación que rodea la fuerte expansión del sector minero en la nación vecina.

En concreto, la piedra de la discordia fue un proyecto llamado Conga, ubicadoen el departamento de Cajamarca, al norte del país. La iniciativa, que tiene como socio mayoritario a la multinacional estadounidense Newmont Mining Corporation, busca producir hasta 350.000 onzas de oro anuales y 120 millones de libras de cobre desde finales del 2014, como resultado de una inversión de 4.800 millones de dólares.

A pesar de su atractivo, desde hace varios meses diferentes grupos de presión locales, al igual que un buen número de los políticos de la región se han opuesto al emprendimiento.

El argumento es que el efecto de la explotación propuesta –que sería a cielo abierto– causaría un gran daño a las fuentes de agua. A pesar de que la compañía norteamericana sostiene haber hecho los estudios de impacto ambiental y contar con los permisos del caso, las posiciones se han polarizado hasta el punto de que se produjeron multitudinarias manifestaciones que obligaron a Humala a decretar el Estado de Emergencia en la zona.

Más allá de los argumentos de cada bando y de la posibilidad de que se pueda llegar a una solución concertada, el conflicto descrito no es el único.

De hecho, a lo largo de los últimos años han tenido lugar protestas en los diversos puntos cardenales del Perú, como consecuencia del empuje de una locomotora que ha generado mucha prosperidad, pero también mucha controversia.

Y es que lo que va del presente siglo, esta nación de 29 millones de habitantes ha experimentado un cambio fundamental. Para comenzar, su tasa de crecimiento ha sido cercana al 6 por ciento anual, de lejos la más alta de la región latinoamericana.

Gracias a esa situación el índice de pobreza, que llegó a ser cercana al 70 por ciento en el 2003, según la Cepal, ha bajado a niveles del 30 por ciento. En forma paralela la distribución del ingreso ha mejorado y el tamaño de la clase media va en franco aumento.

Las exportaciones, a su vez, deberían llegar a 43.750 millones de dólares este año, de acuerdo con cálculos del Banco de Crédito.

Semejante transformación tiene mucho que ver con la minería, que aporta dos terceras partes de las ventas externas. En la actualidad, Perú es el primer productor mundial de plata, el segundo de zinc y cobre, el tercero de estaño, el cuarto de plomo y el sexto de oro, pues los yacimientos encontrados en los Andes han sido muy ricos.

Ese despegue ha alimentado nuevos proyectos, con inversiones calculadas en 51.700 millones de dólares hasta el 2017.

El lío es que la agitación social ha puesto en entredicho al sector minero, ante lo cual se han disparado las alarmas. Si bien Humala ha insistido en que es posible conseguir un desarrollo equilibrado, que permita la preservación de las fuentes de agua y la expansión de la actividad extractiva, los tiempos que vienen no serán fáciles.

La evolución de tales acontecimientos, debería ser seguida de cerca en Colombia. Aunque muy atrás de los peruanos, todo indica que la minería será cada vez más importante en el país, por lo cual es necesario aprender de las experiencias cercanas, tanto para evitar problemas, como para que el Ejecutivo asuma el liderazgo de un tema todavía polémico.

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