Ricardo Ávila

A no ceder terreno

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 10 de 2014
2014-11-10 11:33 a.m.
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Como si Brasil no tuviera problemas por cuenta de una economía que se encuentra en recesión y una aguda polarización política que sigue presente tras el triunfo de Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales de hace unas semanas, ahora otros líos se le suman al gigante suramericano. Tal vez el más inquietante tiene que ver con el reporte que afirma que la pobreza extrema aumentó por primera vez en varios años, dando marcha atrás en el que había sido uno de los grandes logros del presente siglo.

Sin entrar a hablar sobre las causas particulares de lo sucedido, hay que decir que los técnicos tienen la preocupación de que situaciones similares se presenten en diferentes países de la región. La razón principal es la escasa dinámica del Producto Interno Bruto de América Latina, sobre todo ahora que el auge en los precios de los bienes primarios ha llegado a su fin, lo que se combina con un margen de maniobra casi nulo a la hora de aumentar los gastos gubernamentales.

Perder parte del terreno ganado sería lamentable. Según cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), en el 2000 la pobreza monetaria (ingresos por persona inferiores a cuatro dólares diarios) cobijaba al 42 por ciento de la población latinoamericana, mientras que en el 2012, dicha proporción cayó a algo más del 25 por ciento.

Como consecuencia, la clase media (ingresos entre 10 y 50 dólares diarios) subió 12 puntos porcentuales en ese lapso –hasta el 34 por ciento–, mientras el grupo de los vulnerables –ubicado entre los otros dos– alcanzó una participación del 38 por ciento. En cifras gruesas, el número de pobres disminuyó en más de 56 millones de seres en el periodo citado, los cuales se distribuyeron en las dos categorías superiores.

Detrás de tales datos se encuentran fenómenos como el auge del consumo, la caída en los índices de desnutrición y el aumento en la esperanza de vida. En forma paralela, la distribución del ingreso mejoró, algo que es muy importante dados los índices de desigualdad que son los más elevados del mundo. Puede sonar grandilocuente, pero lo cierto es que la región experimentó la que fue probablemente la mejor época de su historia, desde el punto de vista de las mediciones sociales.

Sin embargo, ahora que el viento ha comenzado a soplar en contra, se han disparado las alarmas. A finales de octubre, Helen Clark, la administradora del Pnud, señaló que en esta parte del mundo hay 200 millones de ciudadanos que corren el riesgo de volver a engrosar las filas de la pobreza.

La posibilidad de que ello ocurra en semejante magnitud, es baja. Pero no es descabellado pensar que en ciertas naciones haya un deterioro como el que ya se nota en Brasil. Si eso sucede, se abriría una caja de Pandora con consecuencias en el ámbito político, pues el descontento aumentaría.

El campanazo de alerta empieza a oírse en diferentes capitales latinoamericanas, incluyendo a Bogotá. No hay duda de que nuestra economía, con una expansión que el Banco de la República calcula en 5 por ciento en el 2014, se ve mucho más sólida que las vecinas. Pero aun así, sería irresponsable desconocer que el entorno se ha complicado.

Por tal razón, hay que defender las ganancias obtenidas. De acuerdo con el Dane, entre junio del 2010 y junio del 2014, el total de pobres en Colombia descendió en 3,6 millones de personas, de las cuales 2 millones salieron del renglón más extremo.

Aunque los programas estatales algo han ayudado, el factor clave para continuar por la misma senda es conseguir nuevas bajas en la tasa de desempleo. Al respecto, es alentador que la población ocupada va en aumento, como lo mostró el reporte sobre el mercado laboral correspondiente a septiembre, pero esto no puede ser una razón para bajar la guardia. Solo preservando ese buen clima podremos diferenciarnos del resto de Latinoamérica. 

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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