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Ricardo Ávila

Una celebración merecida

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 23 de 2013
2013-07-23 03:17 a.m.
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Hay aniversarios que merecen celebrarse. Es el caso del cumpleaños del Banco de la República, que por estos días completa nueve décadas desde su creación, autorizada por la Ley 25 de 1923. Fruto de las recomendaciones de la misión encabezada por el académico estadounidense Edwin Walter Kemmerer, el Emisor nació conjuntamente con la Superintendencia Bancaria –hoy en día Financiera– y la Contraloría General de la República. Desde entonces, la entidad ha sido un pilar indiscutible de la política económica colombiana.

Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde aquel entonces. El país de la época, con las cicatrices de las guerras civiles todavía en proceso de cerrarse y el recuerdo de la crisis comercial y financiera de 1921 aún fresco, se parece muy poco al de hoy.

Una de las razones de que así sea fue precisamente la reorganización administrativa del Estado que salió de los trabajos de la Misión Kemmerer, y que tuvo su expresión en media docena de leyes que sirvieron para acabar con el caos reinante en el sistema financiero. La arquitectura adoptada fue generando confianza y, con el Banco de la República como piedra angular, ha resistido pruebas que van desde el abandono del patrón oro hasta una que otra crisis bancaria.

Como es de imaginar, la institución no ha permanecido estática ante el paso del tiempo. Su transformación más importante tuvo lugar en 1991, cuando la Asamblea Nacional Constituyente sentó las bases de un banco central autónomo, otorgando a su junta directiva un elevado grado de independencia, junto a las facultades para ser autoridad monetaria, cambiaria y crediticia.

La Carta Política le asignó a la entidad como tarea principal mantener la capacidad adquisitiva de la moneda, prohibió el uso de recursos de emisión para prestar al sector privado y restringió el crédito al Ejecutivo, mecanismo usado hasta para enjugar los faltantes fiscales del Gobierno Central.

Tales cambios fueron sin duda uno de los grandes aciertos de la nueva Constitución. Como resultado, las decisiones de política económica adoptadas –en algunos casos controversiales– han permitido que la sociedad reconozca como propio el logro de una inflación baja y estable, que no solo protege el ingreso de las personas de más bajos ingresos, sino que permite un adecuado marco para la inversión y el crecimiento.

Por cuenta de su buen manejo, el Banco de la República se ha convertido en sinónimo de estabilidad macroeconómica y de una institución transparente y técnica. Sus trabajos sobre temas diversos, como los de economía regional, se han constituido en materia de estudio obligada para la discusión de los grandes temas de las políticas públicas. Lejos de los afanes diarios, la labor académica de la entidad permite el análisis de mediano y largo plazo que tanta falta hace en Colombia.

No menos significativo ha sido el empeño de impulsar la cultura. Desde sus inicios, el Banco ha enfocado su actividad en este campo en el desarrollo de bibliotecas públicas en las principales ciudades del país, en las magníficas exposiciones de arte nutridas por las donaciones privadas –como es el caso del Museo Botero– y en la más grande colección de elementos prehispánicos que orgullosamente se exhibe en el Museo del Oro, referencia obligada de todos quienes nos visitan.

Tal vez, una de las labores del Banco Central que tiene más bajo perfil es la producción y distribución de numerario, que también se ha convertido en referente internacional por su moderna fábrica de impresión billetes.

Las razones mencionadas y muchas más han servido para construir una institución sólida y respetada, algo que es motivo de satisfacción en una nación que necesita más ejemplos similares. Y que, sobre todo, demuestra día a día que el árbol que nació tras esa semilla sembrada hace 90 años es fuerte y rinde frutos que se expresan en mejores posibilidades de progreso para los colombianos.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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